Abstencionismo
A.D.F.
“…tras las brutales dictaduras que azotaron al continente, casi todos los países han logrado transiciones y alternancias (que no son lo mismo) que no han redituado en mejorar las condiciones de vida de nadie, al contrario, el continente se empobrece. Así, para el ciudadano de a pié, ir a depositar su voto es una pérdida de tiempo…”
La democracia electoral está en crisis en América Latina. Cada proceso electoral acudimos al espectáculo en el que la mitad o más de las personas que tiene posibilidades de ir a votar, no lo hacen. Por ejemplo en el caso mexicano, estamos registrados 68 de cada 100 habitantes, pero sólo en el 2003 sólo el 36.5% acudimos a votar, por lo que la ventaja que sacó el PRI en ese proceso se la dieron sólo nueve millones de habitantes. Redondeando, ocho y media personas tomaron la decisión por cada 100 de darle la mayoría al Revolucionario Institucional.
¿A qué se debe este fenómeno? En primera lugar a que la mayor parte de la población en edad de votar somos jóvenes, los mismos que vemos en la política una actividad que lucra mucho pero hace poco por nuestros intereses; la enorme desconfianza de éste sector se refleja en alarmantes cifras tales como que sólo el 22% de los jóvenes de México se interesan en la política, cuando todos deberíamos hacerlo, pues en ella está depositada el destino de cada país. Como reza un dicho, la política es demasiado importante para dejársela a los políticos.
En segunda instancia, y quizá la más difícil de sortear, es que estamos frente a un panorama de profunda decepción de la democracia.
Tras las brutales dictaduras que azotaron al continente, casi todos los países han logrado transiciones y alternancias (que no son lo mismo) que no han redituado en mejorar las condiciones de vida de nadie, al contrario, el continente se empobrece. Así, para el ciudadano de a pié, ir a depositar su voto es una pérdida de tiempo.
Mientras para algunos no ir a votar es sinónimo de apatía y falta de interés (que no exime de responsabilidad a nadie por no hacer y dejar pasar), para otros se trata de una posición política razonada que señala la decepción por las opciones disponibles. Empero, el simple hecho de quedarse en casa el día de las elecciones tiene enormes implicaciones. El mensaje que se manda es “no me interesa, hagan lo que quieran” pues de cualquier manera, si vota uno o votan todos, el resultado es válido y se sigue.
En el año 2005 es ingenuo pensar que un alto abstencionismo va a poner en crisis al Estado y pondrá a reflexionar a los políticos. Abstenciones altas se ven en todo el mundo y es poco lo que pasa (de hecho, de acuerdo a algunos estudios, en occidente el promedio de participación es de apenas el 50%, el cual tiene despuntes cuando se prevé la posibilidad de importantes cambios); ya superamos esa línea, se necesitan otros caminos.
Así, despunta la opción del “voto blanco”. En Ensayo Sobre la Lucidez, José Saramago imagina una sociedad participativa que sí pone en crisis al Estado cuando todos deciden acudir a depositar su voto en blanco. Se trata de darle la vuelta a las cosas y manifestarse en el mismo terreno de los políticos que decepcionan.
El mensaje de votar en blanco es radicalmente opuesto al de quedarse en casa. Se está diciendo “sí me interesa pero no lo que me ofrecen”.
Tener la posibilidad de manifestarse de este modo sería muy interesante, incluso en España se propuso hace unos meses que si más del 30% de los votantes lo hacían en blanco, el proceso se repetía, es decir, se atendía la inconformidad ante las opciones, pero esto sólo se puede lograr haciendo el llamado de atención a través de la participación y no del supuro desinterés.
En los próximos 10 meses Chile y México cruzarán de nueva cuenta la prueba de elegir presidente. En el país sudamericano Michelle Bachelet enfila para convertirse en la primera Jefa de Estado del cono sur; en México no se puede pronosticar resultado alguno. Pero en ambos casos, nos quedemos en casa o no, la realidad seguirá su curso y de entre un contadísimo número de personas saldrán nuestros presidentes. Mejor será decir “yo no voté por él, pero voté” o “yo voté por él, y soy responsable de mi decisión” que no haberlo hecho.
Mientras los ciudadanos no contemos con la posibilidad de manifestar nuestra inconformidad con los candidatos a través del voto en blanco, deberemos seguir asumiendo la responsabilidad de elegir entre las opciones presentadas, pero siempre trabajando por la construcción de los espacios que necesitamos, trabajando para exigir, trabajando por lo que sea. Si está convencido de verdad por un partido o candidato, apóyelo, si no, busque con el que más se identifique o “al menos peor”, pero vote. No podemos cerrarnos e ignorar los sucesos, en todos los casos, la peor decisión es no votar.
A pesar de todos los males de nuestras elecciones, es la democracia el sistema que tenemos, es el tema de hoy y, por lo tanto, ningún debate político serio puede ignorarla ni dejar pasar señalar sus enormes defectos, por eso no es ocioso el tema.
...y a pesar de todo, tanto como ayer y tanto como mañana, la máxima de Winston Churchill sigue vigente: La democracia es el peor forma de gobierno… con excepción de todas las demás que se han intentado de tiempo en tiempo.
alfredo.diaz.f@gmail.com


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