lunes, agosto 22, 2005

Los gatos encerrados tras el retiro de Gaza

A.D.F.

…la ciudadanía se manifiesta cansada de tener que vivir con el miedo constante de los ataques de los grupos armados palestinos, quienes por otro lado, tienen cierta justificación en sus acciones en la medida que los asentamientos se encuentran en su tierra y son ilegales ante el derecho internacional. En la otra cada de la moneda, algunos afirman que Israel se rindió ante el terrorismo (¿y el derecho a defenderse de la humillación de la ocupación?)…

Terminó hoy, el retiro de 21 asentamientos judíos de la Franja de Gaza. El hecho ha sido leído de muy diversas maneras, desde las que brincan de optimismo, augurando la paz y deshaciéndose en odas al gobierno de Ariel Sharon, hasta las que califican la acción como intrascendente. Como cualquier hecho, tiene sus matices, y hay que desgajar una enorme cantidad de porciones positivas y negativas de la decisión para dibujar un bosquejo.

Desde su origen, este plan es controvertido tanto por quién es su promotor, el Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon, como por las circunstancias en que nace.

Ariel Sharon es un personaje históricamente relacionado con la derecha reaccionaria sionista. Desde diversos puestos de gabinete, impulsó la creación de asentamientos en la región, incluso ya en su primer periodo como Primer Ministro israelí. En la década de 1970 se construyen los primeros asentamientos en la Franja de Gaza por orden directa de él.

Ya en campaña, Sharon garantiza que en las negociaciones de paz no estarían en discusión los territorios ocupados y que no cedería un ápice de tierra. Esa promesa le valió el triunfo consecutivo a dos periodos por ser el defensor de Tierra Santa.

Sin embargo es el mismo Sharon quien propuso de la noche a la mañana un plan de desconexión que contraviene su origen político, sus acciones pasadas, y que surge en un momento en el que las presiones internacionales del Cuarteto (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea y la ONU), manifestadas en la “Hoja de Ruta”, no enfilaban a un retiro de Israel, sino a la flexibilización de las medidas de seguridad en la zona.

El Plan de Desconexión, es así mismo, un proyecto unilateral, que no fue consultado con los países que buscan ser mediadores en el conflicto ni con su contraparte palestina, así que carece de consensos y de un diseño articulado entre sus protagonistas.

Las escenas del desalojo de los 9 200 colonos, reflejan la polarización que existe al interior de Israel por la medida. Mientras en los asentamientos, más de la mitad de las personas decidieron abandonar sus casas por voluntad propia, fuertes focos de resistencia buscaron rechzar el desalojo con violencia que no dejó muertos, y esto es una victoria importante para Sharon, quien además ya se apuntó la aprobación del plan aún con la oposición inicial del Parlamento (que finalmente accedió en octubre de 2004), de la derecha, de Likud (su partido) y de media docena de sus ministros que renunciaron a lo largo de dos años y medio por su desacuerdo ante la medida.

Al exterior de la región, el plan cuenta con el 60% de la aprobación de la ciudadanía que se manifiesta cansada de tener que vivir con el miedo constante de los ataques de los grupos armados palestinos, quienes por otro lado, tienen cierta justificación en sus acciones en la medida que los asentamientos se encuentran en su tierra y son ilegales ante el derecho internacional. En la otra cada de la moneda, algunos afirman que Israel se rindió ante el terrorismo (¿y el derecho a defenderse de la humillación de la ocupación?)

Pero la controversia por la Franja de Gaza es histórica y no termina de estar claro el propósito de la presencia de Israel en la región, más allá del megalómano proyecto sionista de un super Estado judío y su situación estratégica de paso al mar. Se trata del territorio de los desaparecidos filisteos, un pueblo que fue despreciado por el judío por las numerosas invasiones que perdieron frente a otros pueblos (griegos, romanos, etcétera.) Mientras algunas ramas del judaísmo argumentan que por ahí pasó Abraham y David venció a Goliat, el hecho es que otros profetas condenan a los filisteos y llaman a su destrucción. Al final, la invasión de la Franja de Gaza en la guerra árabe – israelí de 1948 impuso la presencia del Goliat de Medio Oriente donde no tiene derecho.

Y mientras los jóvenes opositores a la retirada gritaron a los soldados israelíes “¡Nazis!” y publicaciones como Israel Insider dicen que los militares -pervertidos por el Cuarteto- sufren al ser obligados a hacer el trabajo sucio (porque fueron entrenados para defender a la gente inocente y ahora se les pide que desalojen para entregar la tierra a los que los aterrorizaron), la explicación de los motivos de la retirada, se mantienen confusos.

Terminar con 38 años de presencia israelí en la región no es gratuito, máxime cuando tuvo un costo de 2 000 millones de dólares (cada familia recibirá indemnizaciones de entre 200 y 300 mil dólares) e incluye peculiaridades como el traslado de 48 tumbas del cementerio de Gush Katia. No se trata de buena voluntad porque este no es el motor de las decisiones en política; cabe entonces preguntarse si Sharon no habrá actuado para buscar legitimar mayor fuerza en la represión contra los palestinos una vez que les ha entregado algunos territorios. O si lo habrá hecho para reducir el obeso aparato de seguridad que resultaba indispensable para proteger a los colonos. O si con esto buscará recobrar fuerza para reforzar la presencia en judía en los territorios (también ocupados) de Cisjordania y la parte occidental de Jerusalén.

Así mismo, existe la posibilidad de motivos más perversos pues principal asesor de Ariel Sharon, Dov Weissglas, afirmó al matutino Haaretz que la evacuación tenía el objetivo de impedir la creación de un Estado Palestino (6 de octubre, 2004).

Mirando a futuro, el impacto del desalojo de los asentamientos en Gaza será poco, y por sí mismo no garantiza nada. La medida es engañosa, pues a pesar de que será en octubre cuando la Autoridad Nacional Palestina se haga del control de esas tierras (una vez que los soldados judíos las haya abandonado), Israel conserva el control de las fronteras, las costas, el espacio aéreo y se reserva el derecho de reingreso a su consideración. Bajo estas condiciones, los palestinos seguirán viviendo en una gigantesca prisión, que no ofrece la característica fundamental que hace de una nación, un Estado: la soberanía.

Otro obstáculo para que el desalojo conduzca a la creación de un Estado Palestino, es que sólo la quinta parte de la Franja de Gaza estará bajo el control de la ANP, territorio conformado de “islas”, desarticuladas y rodeadas, lo que conduce necesariamente a un Estado débil y a merced de su celador.

Por último, Israel no discutirá su presencia en Jerusalén, como lo dijo Sharon en una reciente entrevista a la televisión local, y sin este tema toral, no habrá paz, así de simple.

La consigna los representantes israelíes luego de la retirada, ha sido endosar toda la responsabilidad de la paz futura al Primer Ministro de Palestina, Mahamoud Abbas, argumentando que ellos ya cumplieron (aunque no dicen que a medias), pero en realidad, poco podrá él hacer para detener a los grupos armados, porque sus exigencias (legítimas) no se han cumplido. Una descomposición de este origen, derivaría en el debilitamiento del ministro árabe y su posterior derrocamiento, con lo que Israel reforzaría su posición.

Hay más gatos encerrados que beneficios factibles.

De este modo, aunque la retirada de Israel es momento históricamente significativo, en los hechos ayuda muy poco, y la unilateralidad del plan, así como su sorpresiva propuesta, hacen sospechar más sobre su cara oculta que sobre los beneficios que pudiera traer para el equilibrio en la región.

¿Viviremos para ver a un Estado Palestino junto al Estado de Israel?

alfredo.diaz.f@gmail.com