martes, septiembre 13, 2005

Calderón, lo que sucedió y lo que vendrá

A.D.F.

…así, Calderón, como la tortuga de la fábula, trabajó duro y rebasó a la ensimismada liebre que ya estaba pensando en la final sin haber ganado la preeliminar. Ahora, lo que viene es incierto porque estamos frente a un escenario no contemplado ni por el más arriesgado pronóstico: Calderón candidato del PAN…

En el PAN aún no terminan de asimilar la enorme sorpresa de la victoria de Felipe Calderón en la primera ronda de su proceso interno de selección de candidato. La contundencia del resultado que obtuvo sobre Santiago Creel, ya ha sido llamado el Felipazo.

Su triunfo es producto de dos factores de igual peso: por un lado su estrategia de campaña y por el otro los errores del equipo y del mismo Santiago Creel.

Creel, dando por sentada la ventaja que mantenía desde hace un par de años en las encuestas frente a todos los demás panistas, pensó que eso se reflejaría ipso facto en un proceso de selección cerrado, es decir, donde sólo participan militantes y adherentes del PAN. Primera falla (de la que se derivan las siguientes).

El ex Secretario de Gobernación pensó que el panismo tradicional, el que de hecho salió a votar este domingo, lo elegiría con miras a presentar un candidato fuerte ante toda la ciudadanía, por lo que enfocó la mayor parte de sus esfuerzos (y honrosísimos recursos) en reafirmar su popularidad ante el gran público, aunque de este no depende el proceso panista, al contrario de lo que sí pasó con el Tucom, que le dio cierto porcentaje a la opinión general.

Así, fuimos testigos de una extensa campaña de Creel en medios que apelaba a la ciudadanía en general, lo que no hizo Felipe Calderón quien, aunque figura muy por debajo en la opinión general, entendió que a los que debía convencer era a los panistas, es más, le dio más peso a los militantes que a los adherentes (en su mayoría jóvenes), porque estos son los que definen el futuro del partido por medio de su participación.

Así mismo, Santiago Creel tuvo que pagar dos facturas de las que nunca buscó desmarcarse –o lo hizo con extrema torpeza-: ser el candidato de Vicente Fox e insistir en mostrarse como la continuación de su administración (cabe entonces pensar en un voto de castigo) así como no poder convencer a los militantes del partido de ser un defensor suficientemente fuerte de los valores de ese partido, es decir, pagó no haber nacido en sábanas azules.

Por su parte, Felipe Calderón (que cuenta con un botín moral más importante que el de sus competidores luego de su oportuna renuncia a la Secretaría de Energía tras el regaño presidencial), se movilizó en la caza del voto duro del PAN y consciente de que no la tenía fácil, trabajó con mayor ahínco que Creel, quien un día sí y el otro también, cancelaba eventos y dejaba plantados a sus seguidores, incluso en dos ocasiones lo hizo a sus contrincantes y al presidente del partido.

Calderón recibió el empujón final en el “debate” del jueves pasado al que se presentó mostrando mucha mejor preparación de sus ideas –con las didácticas cartulinas-, y haciendo gala de la labia que le ha dejado su extensa experiencia legislativa y su formación en retórica como todo panista de cepa que se precie de serlo. Creel, en cambio, se desbarrancó y lo supo; su nerviosismo lo delataba.

Así, Calderón, como la tortuga de la fábula, trabajó duro y rebasó a la ensimismada liebre que ya estaba pensando en la final sin haber ganado la preeliminar. Ahora, lo que viene es incierto porque estamos frente a un escenario no contemplado ni por el más arriesgado pronóstico: Calderón candidato del PAN.

El sábado Santiago Creel pidió que si obtenía más del 10% de ventaja, los otros dos declinaran, ahora que Calderón lo derrotó superando ese margen, ¿declinará Creel, o se hará el ocsiso una vez más y no le apsotará al llamado del que ahora lleva la mano? Calderón no lo pidió he hizo bien, porque puede crecerse hacia afuera mientras se mantenga la atención de los medios en el proceso.

En lo que respecta a las dos rondas siguientes en el partido, (2 y 23 de octubre), se puede anticipar una victoria de Calderón producto del “efecto cabús” (o cargada) que va a animar a más votantes a sumarse al sorpresivo carro vencedor, lo que le permitirá mantener la ventaja en las dos rondas que siguen, a las que desde tiempo atrás, se preveían más reñidas, porque la primera se le apuntaba fácilmente a Creel, lo que al final no sucedió.

Una vez concretada esta posibilidad, el PAN verá mermada su intención de voto porque Calderón es una persona muy poco conocida frente a los titanes de López y Madrazo. En cambio, lo que pueda venir a futuro será muy interesante pues el blanquiazul será entonces el único partido que presente algo fuera de lo previsto años atrás y llegue al 2006 con un candidato menos maltratado que los otros dos y que mostraría una cara fresca más por la poca exposición que ha tenido que por su inexperiencia. Lo que esto depare es difícil de prever.

Por lo pronto, el proceso de selección panista nos ha dado la mayor sorpresa de este amplísimo preámbulo electoral y una lección: La previsión de la victoria de Santiago Creel (que todos sostuvimos) respondió más a la mera impresión y a la falta de análisis porque, -como en el caso de Manuel Espino que venció a Carlos Median en la competencia por la dirigencia del partido- los análisis ignoramos los mecanismo internos del partido. Al PAN hay que verlo con ojos panistas como al PRI desde los priístas, al PRD desde el perredismo, etc...

Cóctel

¿Qué haría con 648 241 dólares?, ¿qué pasaría si su vecinos, sus amigos, sus compañeros de trabajo tuvieran la misma cantidad? ¡Qué vida! Pues eso es lo que le corresponde a cada habitante de Suiza si se dividiera la riqueza de su país en partes iguales según el Banco Mundial en una medición que sólo ellos entendieron cómo la hicieron, pero que dicen, es más completa que aquellas que sólo se basan en el PIB.

En el otro extremo está Etiopía, a quien por cada habitante sólo le tocan 1 965 dólares, es decir, por cada dólar que los etíopes tienen, los suizos guardan ¡330!. Qué obscena es la desigualdad en la repartición de la riqueza en el mundo.

En lo que respecta a México, nuestro país ocupa el quinto lugar de riqueza en América Latina debajo de Argentina (que no se la creen), Uruguay, Brasil y Chile. Por debajo de nosotros quedaron Costa Rica, Panamá y Venezuela.

Así, el top 10 de los países más ricos del planeta queda así: Suiza, Dinamarca, Suecia, Estados Unidos, Alemania, Japón, Austria, Noruega, Francia y Bélgica. Qué curioso que de estos, sólo cuatro integren el mal llamando G-8, de los países más ricos (sic).

alfredo.diaz.f@gmail.com