El relevo en el GDF
A.D.F.
El relevo de Andrés López en la jefatura de gobierno del Distrito Federal por parte de Alejandro Encinas, ha resultado ser una grata sorpresa, no por el nombramiento -que fue decidido meses atrás desde la oficina del hoy casi candidato del PRD a la presidencia- (y que pasó de trámite por la Asamblea Legislativa, que, obviamente, no la iba a apelar; ellos sólo obedecen órdenes), sino porque en las dos semanas que lleva de su gestión, ha dado un giro radical al gobierno de la capital.
Los pronósticos auguraban -con justa razón-, que la gestión de Alejandro Encinas iba a ser de continuidad en los programas sociales (la plataforma que impulsó a López a la candidatura presidencial), de bajo perfil para no hacer sombra a su antecesor, de un titular con poca presencia pública por su personalidad misma. En pocas palabras, que Encinas iba a ser el encargado de la oficina mientras el ex Jefe de Gobierno se iba de campaña.
En cambio, no pasó ni un día cuando Encinas asestó su primer golpe y nombró a Ricardo Ruiz Suárez como nuevo Secretario de Gobierno (puesto que él dejó), en lugar de Jesús Zambrano, como lo había negociado con los chuchos y los bejaranistas (las dos corrientes perredistas más importantes de la capital).
El segundo momento que aprovechó el nuevo Jefe de Gobierno para diferenciarse de su antecesor, fue el anuncio de la nueva estrategia de comunicación social del gobierno capitalino el 5 de agosto. A diferencia de los anuncios de Andrés López, Alejandro Encinas ofreció nuevos contenidos enfocados a fortalecer “los lazos de convivencia cívica en la ciudad, el sentido de identidad, de pertenencia y vamos a hacer de la ciudad el eje de la política de comunicación”. Cuando se le preguntó si él ya había grabado sus primeros anuncios o lo iba a hacer, Encinas lo rechazó, que él no va a aparecer.
Es decir, dejaremos de ver campañas como la de “A mí me cumplió” o aquellas en las que el Ejecutivos salía abrazando a los asistentes a las inauguraciones de las obras públicas. Encinas parece entender muy bien que los programas y obras se construyen con el dinero de la gente para la ciudad y no por los beneficios políticos que implican colgarse las medallas. Se nota la diferencia entre un gobernante que no aspira a un nuevo puesto de elección popular.
Con el destape del escándalo del delegado en Coyoacán, Miguel Bortolini, apoyando la candidatura del Secretario de Desarrollo Social, Marcelo Ebard, en un evento público, Encinas marcó un tercer paso de distancia en relación a lo que López hubiera hecho.
En lugar de negar los hechos y asegurar que eso era un ataque de sus adversarios, el nuevo Jefe de Gobierno ordenó la inmediata intervención de la Contraloría para que investigue si se ha desviado dinero de la delegación de la secretaría en cuestión a la campaña de Marcelo Ebrard. Además, dio a conocer públicamente que la agenda de eventos del delfín lopizta, sería autorizada por él y para este mes, solamente le veremos en dos ocasiones.
No se puede olvidar que tras la destitución de Marcelo Ebard por el presidente por los linchamientos en San Juan Ixtayopan, Andrés López lo colocó en una posición privilegiada como Secretario de Desarrollo, toda vez que esa es la dependencia que coordina los apoyos económicos a las delegaciones y los programas más vistosos y rentables (políticamente) de esta administración.
A principios de esta semana, el Jefe de Gobierno sustituto, realizó un cuarto movimiento que hasta hace tres semanas no hubiera existido: acudir a una invitación de la presidencia para la entrega de las tarjetas de afiliación al Seguro Popular en Iztapalapa. Un evento de esta naturaleza con Andrés López y Vicente Fox hubiera resultado inimaginable.
El quinto paso de diferencia entre Encinas y López lo veremos la próxima semana cuando el titular del gobierno del Distrito Federal acuda a la reunión de la Conago que se celebrará en Oaxaca de Juárez, reuniones a las que López dejó de asistir seis meses atrás.
La nueva dinámica en el Gobierno del Distrito Federal es evidente en muchos hechos, tanto en el trato de las adversidades como en la disposición al trabajo entre diferentes autoridades. Desde el gobierno federal y del Estado de México, surgen voces que aplauden la disposición en la colaboración del gobierno capitalino, a diferencia del celo que guardaba la administración anterior.
Y es que Alejandro Encinas es así, un militante de partidos de izquierda que ha sabido guardar relaciones cordiales con miembros de diferentes orientaciones en lugar de estarse peleando con todos; un funcionario siempre abierto al diálogo, no en balde fue él quien operó el desmantelamiento del conflicto que hubiera significado la descentralización de los servicios educativos en el Distrito Federal, planeada hace un año.
Encinas fue el sacrificado en el relevo de Jefe de Gobierno, pues de haber sido un excelente candidato del PRD para esta plaza, pasó a ser el sustituto de AMLO precisamente porque su figura no causa conflicto alguno entre las tribus perredistas ni con el gobierno federal.
Encinas es un funcionario siempre fiel a sus superiores, que ha tenido la humildad de aceptar puesto de menor rango a los que ostentaba, y desempeñarlos con la efectividad necesaria para ganar su regreso a posiciones de primer nivel, como fue su paso de la Secretaría de Finanzas al Subsecretaría de Gobierno con la llegada de López al gobierno de la capital.
Así pues, estamos frente a una administración de 16 meses que contará con un sello personal y un nuevo dinamismo, que no ha tardado ni dos semanas en dar señales de una nueva disposición más allá de los celos mezquinos electorales. Una refrescada muy necesaria, ¡bienvenida!
alfredo.diaz.f@gmail.com


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