¿El corazón aún a la izquierda?
A.D.F.“…el Distrito Federal, que se supondría es su mayor botín para enfrentar la campaña, se ciernen fantasmas que amenazan con lo impensable hasta hace tres meses: que el PRD pierda en 2006 la Jefatura de Gobierno…”
Reduciendo la política a la peligrosa y rehusada geometría, la izquierda en México está más cerca que nunca de llegar al poder, y esa envidiable posición no se podría entender sin la conquista del Distrito Federal en 1997. Los dos últimos candidatos del PRD a la presidencia, usaron de trampolín a la Ciudad de México, pero uno de ellos, hasta ahora, cavó también su tumba en el mismo bastión, y si las cosas no se manejan con extrema precaución, la historia puede repetirse.
Andrés López se encuentra de alegra precampaña para mantener la atención de los reflectores en lo que pasa el trámite para convertirse oficialmente en el candidato presidencial perredista. Sin embargo, el Distrito Federal, que se supondría es su mayor botín para enfrentar la campaña, se ciernen fantasmas que amenazan con lo impensable hasta hace tres meses: que el PRD pierda en 2006 la Jefatura de Gobierno.
El peligro para el PRD tiene tres orígenes, dos de los cuales tiene surgen desde el interior del mismo partido.
La primera es la ineficacia en las cuatro gestiones perrdistas que llevamos. La administración de Cuahutémoc Cárdenas careció de resultados (sobre todo en materia de seguridad, cuando se registraban hasta seis asaltos a bancos al día) y fracasó en su intento de demostrar las virtudes de que los capitalinos pudiéramos elegir por vez primera, a nuestro ejecutivo. Rosario Robles sólo logró refrescar la imagen del gobierno capitalino sin resultados plausibles.
Con la llegada de Andrés López, la gestión de la capital sufrió un revulsivo cambio que se reflejó en el exponencial incremento en el gasto en programas sociales (y asistenciales), construcción de obras viales, remodelaciones importantes en el Centro Histórico y Reforma, así como eventos públicos en diversas plazas. Evidentemente, también contó con el doble de tiempo.
Empero, la vida de los capitalinos, lejos de mejorar, ha empeorado en estos ocho años de administraciones perredistas. El problema del agua en zonas de Iztapalapa y Gustavo A. Madero, alcanza niveles indignantes, a lo que hay que sumar la ineficacia del transporte público, la imperceptible mejora en la calidad del aire, las inundaciones recurrentes en época de lluvias, el deterioro en el mobiliario urbano, el tráfico cada vez más complejo, pero de mayor importancia: la inseguridad.
Es cierto, el gobierno de López dio resultados interesantes y loables en algunas materias y permitió pensar en nuevos proyectos antes descartados, pero estos logros no justifican el ejercicio anual de 80 mil millones de pesos, que en lo inmediato, no se reflejan.
El segundo problema que enfrentará el PRD capitalino, es la disputa en la sucesión de Andrés López que puede abrir un boquete importante que debilite al partido.
La enorme popularidad de su candidato, y la casi segura promesa de llevar a ese partido al poder, ha hecho el perredismo, rehén del de los lopezobradoristas. Su cautiverio a la voluntad del prohombre tabasqueño se reflejó en la imposición de dirigencias partidistas con Leonel Cota en la nacional y de Martí Batres en la capitalina, en la obligada declinación de todos los precandidatos al gobierno del Estado de México a favor de Yeidckol Polenvsky por capricho de López, así como la expulsión de la cúpula perredista de los actos de campaña y de las redes ciudadanas, entre otros.
La promesa de la presidencia, empero, parece ya no alcanzar para someter al rancio perredismo a la voluntad de su nuevo líder (rodeado de gente ajena al PRD y la izquierda). Pablo Gómez, Jesús Ortega y Armando Quintero, están en abierto enfrentamiento con López por su deseo de heredar el poder a su delfín, Marcelo Ebrard. Las corrientes a las que pertenecen los miembros del llamado Tucoi (Todos Unidos con la Izquierda) no están dispuestas a declinar de nueva cuenta su aspiración de colocar a uno de los suyos en el gobierno capitalino como sucedió en el 2000, cuando Demetrio Sodi y Pablo Gómez fueron obligados a renunciar a sus candidaturas para complacer el deseo del líder de ese entonces, Cuauhtémoc Cárdenas.
El tercer reto que enfrentará el perredismo será ya en el proceso electoral, cuando enfrenten al PRI y al PAN.
A pesar de haber ganado en dos ocasiones consecutivas sin espacio a la duda, el PRD no ha gozado de un amplio margen de diferencia (que sí cómodo) a su favor. En esta ocasión, ambos partidos de oposición podrían postular candidatos de excelente presentación, de enorme carisma y con propuestas interesantes, que podrían recortar sufragios amarillos de aquellos que votarán con miras en el mejoramiento de su calidad de vida.
Las propuestas de Beatriz Paredes, eventual candidata del PRI, y Demetrio Sodi, posible candidato del PAN, permearán porque ambos son muy buenos comunicadores y tiene proyectos novedosos que serán atractivos toda vez que se alejan de lo que hasta ahora ha sido aplicado en la capital.
El Distrito Federal sigue pintado de amarillo, y como decía el lema de la administración de Robles, su corazón late a la izquierda, pero 10 años de un partido en el poder son muchos en estos días, y los retos que el PRD (tan dado a las divisiones) va a enfrentar no son fáciles, más cuando resurgen las voces sugerentes que dicen que entre Sodi y Paredes, podría declinar a favor de quien esté mejor colocado, y entonces sí, dar la campanada.
alfredo.diaz.f@gmail.com


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