LeviatAMLO
A.D.F.
“…para el AMLO, la corrupción es la culpable del desgaste de las políticas sociales, sin embargo se trata de un síntoma de un Estado gigante enfermo porque carece de contrapesos y es ese Leviatán el que promete…”
Dicen que quien mucho promete hace dos cosas, promete y miente, y a ese destino parece enfilar Andrés López con la presentación de sus 50 promesas de campaña.
En términos generales, éstas se pueden dividir en seis rubros:
- Siete acciones con amplias posibilidades de ser implementadas, por ejemplo: otorgar becas a discapacitados pobres, sembrar un millón de hectáreas de árboles maderables o reordenar la deuda pública.
- Quince buenos deseos políticamente correctos y que cualquiera puede decir, y que sin embargo no definen un estilo ni un fin concreto; todos precedidos de verbos como “apoyar”, “impulsar”, “fomentar”, “estimular”, “promover”, “garantizar”…
- Diez que ya existen hoy aún en el mediocre sexenio de Vicente Fox como son los créditos al autoempleo, la construcción de 500 mil viviendas anuales, el respeto a la libertad de expresión (de por sí ya consagrada en la Constitución, pero que López se asegura reiterar), mantener el equilibrio macroeconómico…
- Seis promesas que sólo se pueden hacer con el Congreso de la Unión, del cual, ni él ni ningún otro candidato de ningún otro partido tendrá mayoría sobre él, por lo que tendrán que ser negociadas, tarea que Andrés López no parece capaz ni dispuesto hacer ya que durante la segunda legislatura de la Asamblea Legislativa, todas las leyes aprobadas por la oposición que le fueron incómodas, las vetó o ignoró. Así pues, reconocer los derechos de los pueblos indígenas o impulsar el nuevo federalismo deben formar parte de la plataforma de un partido, no de un candidato, como ya se encargó de señalar el Subcomandante Marcos.
- Ocho puntos de populismo, tales como entregar útiles escolares a todos los niños, reducir a la mitad el sueldo del presidente o no aumentar impuestos.
- Y, finalmente, cuatro felices ocurrencias como lo del tren bala, o hacer de las Islas Marías, las islas de los niños.
Las propuestas de AMLO brillan por la irresponsabilidad en el crecimiento del gasto público sin explicar de dónde va a sacar los recursos necesarios para ello si desde el inicio advierte que no aumentará los impuestos. Cada una de las promesas implica que el Estado debe crecer y eso cuesta, lo que además contradice eso del ahorro en salarios, la explicación más recurrente es para justificar de dónde piensa sacar el dinero.
AMLO insiste que se pueden ahorrar 100 millones de pesos al año en recortes a los ostensibles sueldos de los funcionarios federales, pero hagamos generosas cuentas. Partiendo de la imaginaria idea de 32 secretarías, seis subsecretarios por cada una, 18 oficiales mayores, 72 jefes de unidad y así sucesivamente, y suponiendo que los 159,777 funcionarios de alto nivel de todas las dependencias (incluyendo el presidente) dejaran de cobrar durante todo el año, el ahorro sería de sólo 50 mil millones de pesos, la mitad, ¿o pensará reducirle los sueldos a los maestros, médicos y militares? Las matemáticas no mienten.
Con el argumento de combatir la pobreza, AMLO promete entregar pensiones alimenticias universales a los adultos mayores, un plan de gran impacto mediático y gran aceptación en la sociedad, pero con un impacto igual de negativo a las finanzas públicas, siendo además un programa de pocos resultados, ya que cualquier persona con la mínima experiencia en diseño de programas para este fin, sabe que su éxito o fracaso depende de la correcta identificación de los que necesitan la ayuda. El programa de AMLO sale por la tangente y se evita ese dolor de cabeza haciéndolo universal, destinando recursos aún a los que no los necesitan.
La visión de AMLO va encaminada al fortalecimiento de un Estado benefactor y omnipotente desde el que todo se puede resolver, y que sin embargo fracasó décadas atrás, tanto el cambio de condiciones de mundiales como por la corrupción. Para el aún Jefe de Gobierno, esta última es la culpable del desgaste de las políticas sociales, sin embargo se trata de un síntoma de un Estado gigante enfermo porque carece de contrapesos y es ese Leviatán el que promete. Además, el Jefe de Gobierno no tiene argumentos para hablar de combate a la corrupción, como lo pueden testificar Gustavo Ponce, René Bejarano, Carlos Imaz u Octavio Flores.
Tampoco puede hablar del posible éxito de muchas de sus propuestas ya implementadas en el Distrito Federal y que simplemente están en las sombras. ¿Para qué crear 30 nuevas universidades si la del Distrito Federal es una broma?, ¿no valdrá más que se fortalezcan y expanda las que ya existen?, ¿qué se invierta más en ellas?
Sobre política exterior AMLO promete priorizar el tema migratorio con Estados Unidos sin mencionar que primero necesita garantizar la seguridad de la frontera y sin afrontar que México deberá entrar tarde o temprano a la política internacional de combate al terrorismo, a lo que López Obrador reniega, afirmando que mantendrá una política de no intervención y pacifista, cuando el mundo se mueve en dirección contraria: la de la participación multilateral. AMLO prefiere la operación avestruz, aunque esto nos aleje del mundo. De ahí que se pueda decir que, además, su programa está desarticulado de la realidad mundial.
Ante temas que no pude ignorar, como el de un nuevo Aeropuerto Internacional para la capital, la promesa de AMLO es construirlo en Tizayuca, un plan ya descartado por sus dificultades técnicas en materia aeronáutica, pero no puede prometer otra cosa ya que él mismo impulsó el rechazo a la terminal de Texcoco sólo por el botín político de enfrentar al presidente Fox.
Acerca de la propuesta de someter a ratificación el mandato del presidente, consigno lo que Jorge Fernández Meléndez se pregunta: “¿No irá eso de la mano con la intención de mantenerse también, si “el pueblo lo pide” en ese cargo?”.
Hay cuatro temas fundamentales para la consolidación de la vida democrática que AMLO ignoró en su extensa lista:
- El respeto y reconocimiento de las minorías (salvo a los indígenas)
- Respeto y ampliación de los Derechos Humanos
- Fortalecimiento de la democracia formal en todos sus niveles
- Transparencia y acceso a la información (un tema que debe de ir de la mano al combate a la corrución y que sin embargo saca salpullido al Jefe de Gobierno)
El plan de AMLO es gris y poco ambicioso. No se quiere meter en el conflicto estigmatizado de las "reformas estructurales" aunque es inegable que son necesarias, y no lo quiere hacer porque está claro que le rehuye a las medidas poco populares por urgentes que sean.
El parecido de AMLO con Fox está ahí. Tal y como lo hiciera el guanajuatense hace seis años, Andrés López promete y lo hace bien, pues sabe qué quiere escuchar la gente, no importando que esto sea factible, legalmente posibles o conveniente.
El plan de AMLO sigue la misma fórmula de Vicente Fox: adaptar su gobierno local a nivel nacional con sus adecuaciones, y esperar que funcione sin considerar que Gunajuato o el D.F. no son igual a todo México. Ah, cómo se parecen, ¿será por eso que se aborrecen?
Con Vicente Fox la gente se sintió engañada porque irresponsablemente se le prometió el cielo y las estrellas. Ahora nadie podrá decir lo mismo, porque sobre advertencia…
P.D.: ¿Cómo caramba pudo olvidar el elevar el nivel educativo desde preescolar hasta universidad? De nada sirve garantizar el acceso a la educación si esta continúa como va. Fundamental, de novatos, haberlo olvidado ese punto.
alfredo.diaz.f@gmail.com


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