Sahara Occidental; otro punto ciego
A.D.F.“…la 'pared de la vergüenza' como se le conoce, está vigilada por 160 000 mil soldados y rodeada de cinco millones de minas terrestres, el signo más claro de la impunidad en el que opera el gobierno marroquí y que la comunidad internacional ignora…”

Han pasado 30 años desde que España abandonó su última colonia en África y la situación sigue siendo indignante e ignorada por la comunidad internacional. La República Árabe Saharaui Democrática (RASD), mejor conocida como Sahara Occidental. A 30 años, Marruecos mantiene su ocupación ilegal en ese territorio y la mantiene a base de represión, desapariciones, violaciones de los derechos humanos y la discriminación que condena a los saharauis a vivir en la pobreza y en el exilio.
En 1975, España firmó un acuerdo de intención con la ONU para desocupar el territorio y celebrar un referéndum que estableciera las bases sobre las que se construiría una nueva nación. Sin embargo, la Marcha Verde marroquí y una invasión por el sur de Mauritania, aunada al desinterés de España que se concentraba en la agonía de Franco, dejó a los saharauis en manos de los invasores sin garantía alguna.
Desde entonces, el Frente Polisario, organización que reúne a los combatientes locales, inició su legítima campaña de defensa que terminó en 1991 con la firma de un alto al fuego auspiciado por la ONU y que era el primer paso del Plan Barket (propuesto por quien fuera enviado de la ONU a la región, James Barket), que contemplaba la realización de un referéndum el 26 de enero de 1992 y que a la fecha no ha ocurrido.
La razón. Riad ha apelado una y otra vez el censo de votantes, argumentando que los marroquíes que residen en Sahara Occidental también tienen el derecho de decidir sobre el futuro de la región. Lo que no dicen ni el rey Mohamen IV ni su primer ministro Driss Jettou, es que esos marroquíes han sido inyectados en la región para inclinar la balanza a su favor. Lo han logrado, hoy en día, lo saharauis son minoría.
Y aunque es cierto que Rabat frena el plan de paz, la ONU parece haber perdido también el interés en el conflicto al grado que desde el año pasado, los dos puestos creados ex profeso para el caso, el de enviado especial del Secretario General de la ONU y el del representante especial de Naciones Unidas para Sahara Occidental, permanecen vacíos.
Hay también que considerar la indefinición de organismos internacionales como la ONU y la Corte Intternacional. La primera rechaza que hay lazo de soberanía entre el Reino de Marruecos y Sahara Occidental, pues para ellos se trata aún de un proceso de descolonización pendiente. La Corte, por su parte, niega derecho alguno de Marruecos sobre el territorio pero no reconoce tampoco a la República Árabe Saharaui Democrática.
La población del lugar se encuentra dividida en dos grupos: los que son mantenidos dentro de los territorios invadidos de Marruecos, sometidos a estrictos controles en su tránsito, y discriminados al interior, y los 250 000 exiliados que viven en campos de refugiados como el de Tindug, en el desierto de Argelia, en donde reside incluso Mohamed Abdelaziz, fundador del Frente Polisario y elegido en 1982 como presidente de su nación sin estado.
Una acción más que pone el inri a la situación, es la construcción de un muro de 2 000 kilómetros para dividir los territorios ocupados (invadidos) de los liberados (anexados), iniciado en 1980. La “pared de la vergüenza” como se le conoce, está vigilada por 160 000 mil soldados y rodeada de cinco millones de minas terrestres, el signo más claro de la impunidad en el que opera el gobierno marroquí y que la comunidad internacional ignora.
La situación de los derechos humanos ha sido sistemáticamente denunciada por organismos internacionales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Hace tres semanas, una manifestación en contra de la ocupación, terminó con saldo de más de 200 heridos y los pobladores reportan que como represaría, 20 cabecillas han desaparecido y decenas de casas fueron saqueadas.
En respuesta, la semana siguiente, una delegación de 30 políticos y observadores españoles viajó a la región, pero fue retenida dentro del avión por órdenes del Ministerio de Asuntos Exteriores local que los regresó a su país sin siquiera haber puesto un pie en Maruecos.
La salida a la situación es muy compleja y en la región aumenta cada vez más el riesgo de un conflicto armado prolongado. El discurso de los líderes sarahuis se ha radicalizado y han comenzado a surgir llamados a la intimada. Claro, no puede ser de otro modo, la paciencia es finita y más con 30 años a cuestas de ser vejados.
Sahara Occidental no es sólo un pedazo de desierto. En él se encuentran las minas de fosfatos más ricas del mundo, importantes yacimientos de petróleo y gas y, en sus costas, nutridos caladeros de pesca por lo que Marruecos no lo va a soltar fácilmente. Koffi Annan, Secretario General de la ONU ha dicho que para terminar con un conflicto tan añejo, necesariamente las dos partes van a tener que hacer algo que no quieren, pero aquí más bien parece que ni ellos ni nadie, tiene interés alguno, en hacer algo en absoluto.
alfredo.diaz.f@gmail.com


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