domingo, mayo 29, 2005

Cuando la "democracia" se agota

A.D.F.

…la apuesta es al fracaso del que está en el gobierno, de aquel que la gente eligió. En la persecución de sus intereses, cada partido se está llevando en su egoísta lucha, el bienestar y el porvenir del pueblo, y eso, cuando menos, es traición…

La transición en el poder que significó la llegada de Vicente Fox a la presidencia, fue vendida e interpretada por muchos como el paso de nuestro país a la democracia. Cosa más equivocada. Democracia electoral liberal no es democracia social, es simplemente la legitimación en el poder de la autocracia que, con las exorbitantes cantidades de dinero que cuestan las campañas, ya son más plutocracia.

Sin embargo para los que están en el poder, tomando las grandes decisiones de este país (u obstaculizando este trabajo), la supuesta democracia mexicana es el pretexto adecuado para realizar su trabajo con la mira puesta sólo en sus egoístas objetivos particulares electorales, y obstaculizan por lo tanto, la mayor parte de los intentos de reforma, escudados en la “pluralidad” que les permite divergir de la visión del Ejecutivo, por ejemplo.

Si bien la pluralidad es el único escenario en el que la democracia se puede desenvolver, cuando se convierte en el pretexto para boicotear un esfuerzo sí, y el otro también, sólo por los dividendos electorales particulares, abre una ancha brecha para que la democracia se decante por otros caminos más apetitosos.

Los partidos de oposición, ya sea a nivel Federal, los que son oposición en la capital o los que interpretan ese papel en los estados, han traslapado los intereses electorales con el ejercicio de gobierno. La victoria electoral se ha vuelto un objetivo ineludible que eclipsa el trabajo del que ya está en el gobierno. ¿De qué sirve poner a alguien a gobernar si los perdedores lo van a obstaculizar pensando en sucederlo?

El panorama no puede verse más oscuro cuando la democracia electoral es lo único que tienen los partidos en la cabeza, dejando en el abandono a los que ya están en el poder. Las votaciones son el medio para elegir a un gobierno, no el fin, pero los partidos políticos no lo ven así. Las elecciones de gobernantes legítimos no sirven de nada si la voluntad de la gente no se traduce en gobiernos eficientes.

La apuesta es al fracaso del que está en el gobierno, de aquel que la gente eligió. En la persecución de sus intereses, cada partido se está llevando en su egoísta lucha, el bienestar y el porvenir del pueblo, y eso, cuando menos, es traición.

Los esfuerzos y el discurso se centran cada vez más en la necesidad de construir un sistema político democrático y mantener la “joven democracia” mexicana de las amenazas de los “populistas”, así, genéricos, sin nombres propios, como lo dice el presidente Fox. Esos supuestos teóricos intangibles (a veces mal empleados) dicen, es lo que se debe defender, lo que importa al país. Paro, ¿para qué sirven cuando la ineficacia y la lucha estéril de los partidos que toman como campo de batalla y carne de cañón a la sociedad, van agotando la paciencia de esta?

El hartazgo conduce a la sociedad a la toma de decisiones que a los ojos críticos pueden parecer absurdas, pero responden totalmente al cansancio de la politiquería y el desprecio que la política se va ganando por el juego particular de aquellos que tienen en sus manos las riendas de este país.

Y es por esta descomposición que se transforma en perversión que Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela (y se mantuvo), por ejemplo. Es la descomposición la que permitió que el fascismo llegara a Europa en la década de 1930 y 1940. Es la descomposición y el hartazgo de la gente la que permite la llegada de regímenes totalitarios o populistas. Y es que a nadie la interesa la democracia, las libertades, la pluralidad cuando día a día hay dos millones de mexicanos en edad de trabajar y no encuentran donde colocarse; a nadie le interesa la disciplina económica cuando 500 mil compatriotas tienen que salir del país para buscar formas de subsistencia en los Estados Unidos; a nadie le interesa dónde va a vivir Andrés López cuando el narcotráfico hace agua de la seguridad y tranquilidad de ciudades enteras; a nadie le interesa la supuesta cautela de Santiago Creel para definir su futuro cuando el campo se cae a pedazos; a nadie le interesa las reservas del Banco de México estén en sus niveles más altos cuando…

71 años de un PRI totalitario condujeron a una transición pacífica en la presidencia como ha pasado en varios estados del país y a una conformación repartida en el Congreso, pero ese no es el fin, sino sólo un paso en el largo camino que nos debería conducir a reducir las desigualdades obscenas en la repartición de la riqueza en México y al progreso integral del país.

En cambio, la transición lo único que ha traído es una lucha feroz y bulímica por la victoria electoral en el que absolutamente ningún partido ha reparado en la responsabilidad que tienen en sus funciones como gobierno.

El hartazgo está ahí, día a día crece, es latente, y cuando se manifieste las consecuencias serán impredecibles y todos, absolutamente todos los gobernantes tendrán la culpa de haber llevado al país hasta esa frontera. Ya sea una revuelta violenta, el ascenso de un gobernante totalitario pero que responda a las necesidades más inmediatas de los abandonados… la baraja es amplia.

En cambio, también está el otro camino, el del diálogo, la concertación de interese comunes, el gobierno del pueblo para el pueblo. Ahí están las dos veredas y estamos en un punto en el que se puede elegir transitar por ambas verdas con la misma facilidad. Sin embargo uno requiere el trabajo conjunto para andarla, y para la otra basta la suma de egoísmos. La balanza se inclina para un lado, pero hay tiempo –no mucho-, para cambiar.

¿En 2006 el país tendrá con otros seis años de ineficiencia, pero de feliz alternancia? La “democracia” no se come, la alternancia no viste, el sistema de gobierno no da techo… Ahí ustedes sabrán señores gobernantes.

alfredo.diaz.f@gmail.com