lunes, mayo 16, 2005

Nadie pidió austeridad

A.D.F.

..como hombre exitoso y con un salario respetable, López no tiene porque ser austero. La debilidad de su pose resulta peor a que simplemente fuera un político abiertamente derrochador…

La temática del desafuero y del complot quedó plenamente superada (que no olvidada), y como tal, su principal protagonista, Andrés López, está en la búsqueda de una nueva estrategia que le permita seguir teniendo presencia en los medios a pesar de que lo que va a hacer de aquí a que deje su puesto como gobernante, sea nada.

El Jefe de Gobierno finalmente ha hablado y dejado claro que va por la candidatura presidencial de su partido (como si sus programas asistenciales, su libro, sus giras y sus comités no hubieran sido señal suficiente). De ahí, se esperaría que López se comenzara a comportar como un precandidato y que sus discursos se movieran en otra dirección.

La exigencia hacia él es infinitamente mayor que hacia sus contrincantes por dos motivos: 1) Es el candidato puntero; 2) Porque él mismo se ha montado en una cruzada en la que a sus rivales les demanda explicaciones y que eleven su nivel de debate.

Sin embargo esto no ha sucedido. Sabiéndose ganador de la confrontación del desafuero, con más aprobación y más popularidad que nunca, parece que López ha perdido todas las formas y ha arrastrado sus conferencias de prensa al nivel más bajo de su gestión. El Jefe de Gobierno ha caído en el mismo error que le ganó al Presidente Fox popularidad fugaz y le perdió el respeto a su posición: ha vulgarizado su discurso.

Para sostener tal aseveración, basta ver el tipo de conferencias matutinas que ha sostenido desde que dio por concluida su campaña de resistencia y que ha coincidido con los cuestionamientos con su atuendo que son una contradicción más a su tan llevada, traída y desgastada postura de pretendida austeridad (él viaja en un Tsuru 1999 y su hijo en una Gran Cherokee del año).

El reloj Tiffany que posee, del que ha argumentado que fue un regalo de César Buenrostro y su familia, tiene un valor superior a los $80 000, cosa que el Jefe de gobierno ha negado, diciendo que no pasa de los $5 000, ¿a quién pretende ver la cara?. A la luz de esta circunstancia alguien está mintiendo, o la prestigiosa joyería neoyorquina o el mismo que dijo que sus trajes los hace un austero sastre de Polanco, del que ahora nos enteramos se llama Hugo Boss, que dijo que sólo tenía dos trajes, y que ahora dice además que tienen diez años, o el mismo que en 2003 gastó $25 mil pesos en zapatos.

No está mal que López traiga un reloj de ese precio. Lo que es incorrecto es que mienta sobre el precio del accesorio y que en cuanto los reporteros le dicen que como funcionario público tiene prohibido recibir regalos de valor superior a los 10 salarios mínimos (por lo que habría violado una ley), se ponga a bromear y mejor opte por mostrarles sus calcetines a los periodistas (irrespetuoso). La arrogancia del tabasqueño le impide tener un viso de humildad y reconocer que quizá, sólo quizá, se equivocó.

La austeridad del Jefe de Gobierno es una máscara que él mismo decidió ponerse y defender sin que nadie se lo pidiera. Sin embargo, su discurso de “honestidad” es muy débil y se desmorona al penetrar ligeramente lo obvio (su carisma lo ayuda a mantener su posición de confianza). Como hombre exitoso y con un salario respetable, López no tiene porque ser austero. La debilidad de su pose resulta peor a que simplemente fuera un político abiertamente derrochador y con sus oscuros secretos (como la mayoría).

Otro personaje derrochador, el Presidente Fox compró una toallas de $4 000 pesos, precio muy ostentoso para una sociedad tan desigual como la nuestra. Sin embargo el destape de esta onerosa erogación fue producto de la transparencia pública que su administración ha llevado a cabo. No es el caso de López a quien le da escozor el acceso a la información (ejemplo 1, nadie sabe cuánto costaron ni cómo se han pagados las obras viales).

Errores y contradicciones cualquier gobernante las tiene, sin embargo es una justa demanda de la gente que se reconozca cuando se equivoca y se repare el error. El Presidente cortó la cabeza de Carlos Rojas Magnon por el toallagate y los gastos de la residencia oficial siguen siendo públicos. En cambio, Andrés López y sus funcionarios minimizan los errores e ignoran los cuestionamientos hacia sus mentiras (¿dónde quedó la implacable y ácida crítica de ese PRD opositor?).

Se terminó la polarización y el recurso martirizante del desafuero. Es el momento de que el Jefe de gobierno responda preguntas de fondo, se baje de su nube de soberbia, comience a ejercer un mínimo de autocrítica y explique decenas de omisiones, casos de corrupción y presuntos delitos que gente muy cercana a él ha cometido (¿a poco no se dio cuenta de que su tesorero, Gustavo Ponce, viajaba en un Porshe de $120 mil dólares?).

¿Por qué critico tan frecuentemente a López Obrador? Porque estoy convencido de que va a ser presidente y por eso resultan preocupantes tantos desatinos que no serían más que errores de humanos si no fueran ignorados por la enorme soberbia de un personaje que se siente infalible y bendecido para ser el líder de un pueblo.

Que no se malinterprete. López Obrador puede andar en un Beently, vestir Armani, vivir en Tecamachalco, y comer a diario en Le Cirque si así le place y si los recursos son lícitos, porque es su dinero y en este país uno puede gastar como le venga en gana. Lo que es indignante es que mienta, que oculte su estilo de vida, que critique a los que hacen lo mismo de él. ¿Por qué mentir sobre su austeridad si nadie le pidió que fuera así?, ¿por qué empeñarse en mostrarse falso? Esas son hipocresías de poca monta.

alfredo.diaz.f@gmail.com