jueves, abril 28, 2005

Despreciable campaña de TV Azteca

A.D.F.

…TV Azteca es objeto del desprecio de los medios de difusión. La toma ilegal y violenta de las instalaciones de Canal 40, otro bien público, fue el colofón del uso irresponsable del medio con fines propagandísticos particulares…

El día de ayer TV Azteca se embarcó de nueva cuenta en una cruzada en contra de sus enemigos particulares, en la que con cero escrúpulos está utilizando la concesión de los medios de difusión –un bien público- como ariete de batalla.

Las acusaciones, hasta ahora infundadas, en contra del secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, hubieran sido tomadas con mayor seriedad si el que denuncia tuviera mayor estatura moral y una reputación impoluta como es la que debiera respaldar a cualquiera que se dedique al periodismo. No es el caso.

Pasado el asombro por lo serio de la acusación, bastó dar una hojeada a los archivos para darse cuenta que los dueños de la televisora lleva varios años siendo investigados (23 de enero, 2003) por la compra fraudulenta de la deuda de Unefon en perjuicio de los accionistas minoritarios, a los que se les ocultó que Ricardo Salinas y Moisés Saba son socios de la empresa que adquirió la deuda, Codisco, así como que ocultaron beneficios por más de 100 millones de dólares de los que los inversionistas minoritarios fueron privados.

Sin embargo, a pesar de que la motivación de Azteca para lanzar sus reportajes absolutamente tendenciosos contra la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y contra Banamex, es muy clara, aún así se pudo haber tomado partido a favor de la televisora pues es absolutamente inaceptable que un funcionario pida que determinada información sea detenida. Eso es censura.

Pero lo que sucedió por la noche dio al traste con cualquier posible apoyo entre la opinión pública a favor de Televisión Azteca. En un inusual Editorial, Joaquín López-Dóriga denunció que Televisa había recibido amenazas por los comentarios vertido en torno al caso. Aseguró que afrontarán las consecuencias personales y profesionales, todos juntos.

De ser esto cierto, y la reputación del informador basta y sobra para rechazar que pueda estar mintiendo, TV Azteca habrá traicionado abiertamente la fraternidad del gremio, habrá incurrido en una serie de delitos y habrá destrozado su posición de reclamo frente a todos.

TV Azteca denuncia un intento de censura y amenazas frente a un trabajo dizque periodístico, y es en la misma práctica a la que recurre para evitar que el contexto total de su intento de linchamiento sea difundido. Pero más grave aún es que se utilice un medio público para defender los interese particulares de sus propietarios, peor, cuando todo parece indicar que sí son culpables de un delito, de un atropello a los inversionistas de su deficiente servicio de telefonía.

TV Azteca arrastra un serio problema de credibilidad, producto de otras campañas de linchamiento colérico contra el ex procurador capitalino Samuel del Villas, contra Cuauhtémoc Cárdenas, contra Diego Fernández de Ceballos, contra la SHCP, contra… Si bien ninguno de estos personajes no son intachables, sí las campañas de Azteca han sido totalmente fuera de lugar, sin estar insertas en un contexto ad hoc, y plagadas de juicios tendenciosos y con objetivos claros.

El bajísimo rating de sus noticieros no es mas que producto de la mala calidad de los contenidos, la terrible política editorial y de jerarquización (concediendo que esta existiera), la ausencia de periodistas frente a la plaga de lectores de noticias y la fijación con los contenidos triviales. Pero aún así lo que digan o dejen de decir tienen influencia.

La denuncia de “hechos” no implica periodismo de calidad, menos aún de “valentía” y “coraje”, atributos que el equipo de Fuerza Informativa Azteca se cansa de colgarse pero que sólo son comprados por los adictos al amarillismo; si los tuvieran, no habría necesidad de que ellos se los adjudicaran, llegarían solos.

TV Azteca es objeto del desprecio de los medios de difusión. La toma ilegal y violenta de las instalaciones de Canal 40, otro bien público, fue el colofón del uso irresponsable del medio con fines propagandísticos particulares.

Si bien hay casos que dan más lástima que coraje y que deberían ser ignorados pues no vale la pena darles juego, este no se puede pasar por alto pues se está jugando con un medio público para encubrir un delito.

Y luego Lily Tellez, por favor.

alfredo.diaz.f@gmail.com