Habemus Papam aut nullum mutare
“…la elección de Ratzinger responde simplemente a intereses económicos, políticos y de conservación del poder de la Iglesia Católica antes que a una iluminación del Espíritu Santo como dicen los cardenales…”

A las 17:50 hora local en Ciudad del Vaticano, la fumata grisácea que dicen que fue blanca (obsoleto y confuso sistema para avisar al mundo una noticia que lo mantiene en vilo) anunció al urbi et orbi que había nuevo Papa, que los 117 cardenales habían elegido al líder 256 de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. El repicar de las campanas de la Basílica de San Pedro terminó con la confusión que genera la fumata.
57 minutos después el cardenal protodiácono, el chileno Jorge Arturo Medina Estévez se asomó por la logia de las bendiciones de la magnífica catedral para pronunciar ante el júbilo desbordado de la multitud, la centenaria fórmula: “Annuntio vobis gaudium magnun: habemus Papam”. Y procedió a develar el misterio de la identidad del nuevo Jefe de Estado del Vaticano: “Eminentíssimun ac Reverendíssimum Dóminum, Dóminum Josephum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Ratzinger, qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI”.
Así, con la noticia corriendo por los cables urgentes a todo el mundo y en vivo por la televisión, comenzaron a verterse opiniones que no superaron la trágica y sobrevalorada frontera de lo obvio. La gente se declaró “feliz” por la elección, pero “lamenta” que el nuevo Papa no sea latinoamericano, como si eso alguna vez hubiera tenido posibilidad de suceder. En CNN una señora en un sondeo dijo que Benedicto XVI es “un buen hombre” que continuará con la misión de Juan Pablo II y otra se aventó la puntada de decir que le agradó que eligiera otro nombre y no, se lo cito textual “Juan Pablo II Tercero”.
Pero la elección de Ratzinger responde simplemente a intereses económicos, políticos y de conservación del poder de la Iglesia Católica antes que a una iluminación del Espíritu Santo como dicen los cardenales.
El hecho de que sea ahora un alemán es la reafirmación de que la curia romana no está dispuesta a dejar la Iglesia en manos del tercer mundo, a pesar de que sean estas regiones las que más católicos aportan y donde más crece en comparación con el lamentable papel que desempeña la Iglesia en Europa, zona en la que se desdibuja por miles al día. Es la reiteración del desprecio por los pueblos evangelizados a hierro y fuego.
Empero, es Alemania el país europeo que más dinero aporta a la Iglesia Católica, que no el que más católicos en cuyo caso el lugar correspondería a Italia. Ya ni hablar de los feligreses de México y Brasil, que cada uno por su parte aniquila el número de seguidores en toda Europa.
Ratzinger Papa es la declaración de que la Iglesia tiene nula disposición de discutir temas del mundo actual y sobre los que los feligreses demandan respuestas tales como el aborto, las relaciones sexuales extramaritales, homosexualidad, métodos anticonceptivos y el celibato de los sacerdotes.
Ratzinger, doctor en filosofía, ha sido tajante: no al sacerdocio de las mujeres, no al comunismo, no a las uniones libres, no a la comunión a los divorciados, no a la fecundación in vitro, no a la Teología de la Liberación, no… Resulta pues obvio que fuera él a quien fue encomendado por Juan Pablo II la protección del dogma de la fe con el puesto de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la institución heredera de las funciones de lo que fuera la aberrante Santa Inquisición.
Ratzinger es el ideólogo de la involución eclesial.
La visión doctrinaria de quien ahora tiene las riendas de la Iglesia, es más radical que la de su ya de por sí muy conservador antecesor, al grado que critica la vida moderna como una amenaza a la identidad sexual del individuo (postura evidentemente de desprecio al buen juicio del ser humano), y el que ha descalificado a las otras religiones diciendo abiertamente que la fe católica es la única religión legítima, desestimando a los otros cultos, incluso a los de origen cristiano. En el documento “Dominus Iesus” sentención: “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Ya nos jodimos.
Así pues, mientras millones de personas retozan de felicidad por el nuevo Papa, millones más seguirán siendo sometidos por dogmas inoperantes, obtusos y antagónicos con la realidad. Millones de católicos seguirían siendo rechazados por la doctrina de su propia fe o, simplemente, optarán por dejarla.
Y luego los sacerdotes se preguntan porqué la gente ya no va a la iglesia. Tan sencillo, porque frente al habemus Papam también habemus nullum mutare.
P.D.: Gracias Martha por la asesoría con el Latín.
(Foto: Reuters, 2005)
alfredo.díaz.f@gmail.com


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