Cuba, sadeces para ignorar la injusticia
“…los países violatorios son los que se oponen a condenarse unos a otros, cuidándose la espalda para mantener sus ignominiosas prácticas…”
A.D.F.

¿Realmente el gobierno de Cuba se creerá la enorme cantidad de sandeces que dicen para justificar su insostenible situación de violación permanente a los Derecho Humanos?
Y es que después de la resolución que la semana pasada se votó en la Comisión de los Derechos Humanos en Ginebra, Suiza, en la que se condenaba que hubiera 79 presos políticos (entre otras negaciones a los más rudimentarios derechos fundamentales del hombre), el canciller de la isla Felipe Pérez Roque dijo con el descaro que caracteriza a los funcionarios de la dictadura, que se trataba de una “espuria, ilegítima e intervencionista”.
Sin embargo el hecho es que la dictadura de Fidel Castro es un régimen que permanente y sistemáticamente viola las garantías individuales de los ciudadanos, la mayoría de ellos perseguidos por no comulgar con las vetustas y obsoletas ideas de “la Revolución”.
En Cuba los partidos opositores estaban vetados hasta hace menos de una década, y ahora que están “permitidos” no son mas que una ilusión de lo que la oposición se supondría que espues para ser representante en la Asamblea Nacional Cubana se debe formar parte del partido oficial.
La situación de la prensa no es mejor en ningún caso. La prensa disidente es permanentemente perseguida pues cualquier crítica a las políticas del dictador Fidel Castro son asumidas como un ataque al gobierno, una traición al país y a la revolución.
¿Vale la pena decir que lo mismo sucede con las libertades religiosas?, ¿o criticar que la educación está monopolizada por el Estado?, ¿o de la imposibilidad de salir del país como cualquier ciudadano libre del mundo? No, en todos los casos sucede lo mismo. Los ciudadanos de la isla son rehenes de la maniática ambición del dictador Fidel Castro, secuestrados el sueño que impulsaron y que el dictador Castro pervirtió y los sometió.
Para muchas personas Cuba representa el sueño revolucionario que a mediados del siglo pasado inundó a América Latina y África principalmente. Sin embargo la avaricia y ego del dictador hizo añicos lo que pudo ser, encerrándose, obsesionándose en si mismo, rechazando al mundo. Cuba es la Corea del Norte de nuestro hemisferio.
Pero para Pérez Roque “la Revolución” vale cualquier violación a los derechos fundamentales de sus ciudadanos y las críticas -en su intolerancia dictatorial- son intervencionistas e ilegítimas. Pero aún, esa postura es apoyada por otras dictaduras y regímenes igual de violatorios que el cubano, que unas a otras se cuidan las espaldas. Veamos como se votaron las resoluciones condenatorias la semana pasada.
Para condenar a Corea del Norte votaron en contra: China, Cuba, Egipto, Guinea, Indonesia, Malasia, Rusia, Sudan y Zimbabwe. ¿Alguno de los anteriores son gobiernos democráticos y en donde sus ciudadanos sean libres? No.
En la condena a Cuba se opusieron: China, Congo, Cuba, Egipto, Eritrea, Etiopía, Guinea, India, Indonesia, Kenya, Malasia, Nigeria, Qatar, Rusia, Sudáfrica, Sudan y Zimbabwe. Igual, gobiernos tan condenables como Cuba.
Para condenar a Bielorrusia se opusieron: Armenia, China, Congo, Cuba, Egipto, Eritrea, Etiopia, India, Indonesia, Kenya, Malasia, Rusia, Sudáfrica, Sudan, Swazilandia y Zimbabwe.
¿Encontró el patrón? Claro, los países violatorios son los que se oponen a condenarse unos a otros, cuidándose la espalda para mantener sus ignominiosas prácticas.
Pero el pretexto de Cuba es que los países que los condenan, como en esta caso los Estados Unidos, también violan los Derechos Humanos y por ello no tienen la autoridad moral para hacerlo. Y sí, Estados Unidos lo hace, pero como dijo su embajador en México, Antonio O. Garza: “Reconocemos que ningún país tiene un historial perfecto en cuanto a los derechos humanos, incluido Estados Unidos pero la comunidad internacional no debe evadir esta responsabilidad simplemente porque algunos gobiernos se sientan incómodos adoptando una actitud moral crítica de otro país”.
México votó a favor de condenar a Cuba e hizo bien. Pérez Roque se enojó y dijo que “el gobierno de México, bajo la presión de Estados Unidos, ha roto los compromisos alcanzados antes con nosotros”. La respuesta es, en las mismas palabras de Garza, que “las relaciones diplomáticas cordiales son importantes, pero no deben darse a expensas de ignorar la injusticia”.
alfredo.diaz.f@gmail.com


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