martes, abril 26, 2005

Fecha de caducidad a la teoría del complot

A.D.F.

…El discurso lopista ha calado tan profundo por sus palabras, por los términos maniqueos y la mezquindad de los argumentos en que lo ha construido, que encaja perfecto en el código simple y absurdo en el que está escrita nuestra Historia oficial…

Una revolución no puede ser institucional porque entonces pierde su carácter revolucionario y adopta la caracteriza conservadora y perenne que la hace institución, opuesta al cambio; del mismo modo una revolución no puede ser democrática porque necesariamente para ser revolución pasa sobre los intereses e integridad de un grupo de la población y viola la ley: las leyes no están al alcance de las revoluciones.

Del mismo modo hay modelos de lucha que por su uso frecuente tienden a perder el impacto de la novedad y se desgastan. La conformación de frentes venidos a partidos es un buen ejemplo de que la transición de la lucha coyuntural no puede hacerse permanente y pretender mantener las estructuras, formas de organización y objetivos amalgamados por la urgencia de la conformación inicial.

¿Pero qué pasa si la protesta se vuelve permanente?, ¿deja de ser protesta, se institucionaliza y traiciona su origen revolucionario? Lo anterior lo pregunto porque los seguidores que han salido a protestar a favor de la cusa del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés López, deben comenzar a cuestionarse sobre el futuro de este movimiento a mediano y largo plazo. No es lo mismo salir un millón de personas un domingo por un evento muy específico que montar una resistencia prolongada.

El argumento que ha esgrimido López es que la denuncia en su contra y el desafuero es una intentona del gobierno federal para sacarlo de la carrera presidencial que hoy, con toda justicia, lidera. AMLO, ha vendido la idea del complot en el que lo mismo ha cabido la CIA que el Papa, la gente lo ha comprado y ha asumido el agravio como propio (“todos somos AMLO” gritan en las calles, pero ¿por qué no gritan “todos somos Ponce, Bejarano, Imaz o Flores?”, es pregunta), lo cual sólo demuestra la enorme capacidad política de López y la corta memoria de la gente.

Sin embargo la teoría del complot debe ser tomada con pinzas porque en esa lógica todo lo que afecte al Jefe de Gobierno va a formar parte de la conspiración en su contra, en contra del pueblo. Y sin importar el tipo de tropiezos que pueda tener El Peje, sin importar que sean por su culpa o perfectamente predecibles, todo cabrá en ese costal… incluso si perdiera las elecciones.

Imagine usted que se concreta la salida al terrible embrollo legaliode en el que López está metido -voraz remolino que ha atrapado al país- y se comprueba su inocencia o la PGR se abstiene de solicitar el ejercicio de la acción penal; imagine usted que AMLO llega a la candidatura del PRD y hace su campaña sin que incidente menor se presente, y llega el 2 de julio de 2006, son las 19:00 horas, momento en que se pueden dar a conocer las encuestas de salida y resulta que AMLO ha perdido (por el margen que guste) frente a Roberto Madrazo o Santiago Creel. ¿Qué pasará?

Ante el éxito de la teoría de la conspiración (con tantos vacíos como la teoría del desacato de la PGR) es de esperarse que la gente que tiene ahora no aprecio, sino ciego fanatismo por López, inmediatamente asuma que la derrota limpia de AMLO en las urnas es parte del complot y que ellos también han sido “robados”.

AMLO es hoy por hoy “el bueno” de la historia al que “los malos” quieren destruir por “su bondad”. El discurso lopista ha calado tan profundo por sus palabras, por los términos maniqueos y la mezquindad de los argumentos en que lo ha construido, que encaja perfecto en el código simple y absurdo en el que está escrita nuestra Historia oficial.

A mediano plazo el Jefe de Gobierno debe tener en claro que eventualmente deberé decirle a sus fanáticos que no todo lo que le salga mal es parte del complot y que los obstáculos a futuro son parte de la condición humana e imperfecta del mundo, porque de otro modo, López llevará a sus millones de simpatizantes a un callejón sin salida con tanta furia y energía reprimida que en cualquier momento puede explotar y es su responsabilidad canalizarla de la mejor manera pues fue él quien hizo la transferencia de un asunto que formalmente sólo le competía a su persona a que el pueblo lo asumiera como un ataque contra ellos.

alfredo.diaz.f@gmail.com