Él no está solo. Crónica de la marcha contra el desafuero
A.D.F.
“…y ahí están desde de temprano miles de personas que se pierden su nombre en el anonimato del número, pero que juntos son un sorprendente todo…”
Reforma Diario adelantaba esa mañana, que el jueves 7 de abril sería un día histórico, histérico e histriónico, y pese a que no se dio en los términos que el periódico decía, todos esos elementos estuvieron presentes.
La historicidad de la fecha residió en la capacidad de reunir un jueves por la mañana a 100 mil personas de acuerdo a la BBC, cientos de miles reportaba The New York Times en la primera plana de su portal de Internet, a los 400 mil que reportaban las agencias internacionales como EFE, los 360 mil que Pablo Gómez presumió en la tribuna de San Lázaro; Leonel Godoy se limitó a decir “que eso lo calcule la prensa”.
Por segunda vez en sus cuatro años de mandato, Andrés Manuel López Obrador pidió a sus seguidores a salir a las calles para mostrar su músculo político. Hoy la izquierda, tras 16 años de apariciones menores en la vía pública, vuelve de manera recurrente al que ha sido su bastión original, ese en el que en 1988 tocó las puertas para derribar al gigante de Los Pinos y desde el que este nublado jueves de abril pretendía defender las aspiraciones presidenciales de su más aventajado candidato, el único que desde hace tres lustros puede garantizar la llega al poder.
Y ahí están desde de temprano miles de personas que se pierden su nombre en el anonimato del número, pero que juntos son un sorprendente todo.
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Ella tiene casi 60 años, viene de la colonia Roma y va enfundada en playera amarilla acompañada de su perro Shar Pei marrón quien en el tronco tiene un pañuelo amarillo y negro y del collar se sujetan dos globos en los mismos tonos.
Para ella lo que le quieren hacer “al señor Andrés Manuel López Obrador” es una injusticia porque él no es culpable de nada y les están imputando cargos que no le corresponde. Ella comulga con la teoría del complot: “la lógica y la objetividad dice que efectivamente es un complot”.
Aunque está al tanto de los delitos por los que López Obrador es acusado, expone sus ideas con tal entusiasmo que la lleva a atropellar unas con otras las ideas, saltando de un tema a otro. A la pregunta de si quiere que AMLO sea presidente responde: “[Sí porque] lo que yo he visto es que no dispone del erario para su bienestar, sino que lo aplica a la gente y es lo que deberían de hacer porque el petróleo y la energía es de todos los mexicanos, el campo, y todo se lo han llevado al extranjero”.
Cuando se le cuestiona sobre la aplicación de la justicia, se pone de lado de que se juzgue al que en ese momento es aún Jefe de Gobierno sólo en caso de que sea culpable, tal como a sus funcionarios que se vieron envueltos en caso de corrupción pues “ellos sí son culpables y también deben ser desaforados”.
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Ella tiene más de ochenta años, no supera el 1.45m y viene vestida de delantal azul a cuadros. Viajó desde adelante de la refinería en Azcapotzalco para “votar por el señor, para presidente López Obrador” aunque cuando de se le pregunta si quiere que López sea el próximo presidente se limita a contestar “quien sabe, esta por verse”.
Ella forma parte de los que no saben cuál es el motivo por el que el político que los convocó es acusado. Sólo está al tanto que desobedeció “no se qué cosa”.
Sobre los motivos que la llevan a apoyar al tabasqueño se limita a contestar escuetamente y en plural que es “porque nos ha dado mucho, nos ha ayudado mucho”. Y esas ayudas, explica, consisten en “mandado”, pues ella no recibe la tarjeta Sí Vale, pero ni esos programas la convencen para fundar una convicción real y firme que justifique su respaldo gobernante local: “los programas de ayuda son buenos, pero quien sabe”, sentencia.
Abandonada junto con otra señora mayor que la sujeta del brazo en el centro de la enorme plancha de la Plaza de la Constitución, se han extraviado de la persona que las organizó para esta excursión.
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Él tiene poco más de 40 años. De traje inmaculado, portafolios y barba arreglada, es un empleado del Instituto Politécnico Nacional; arquitecto de profesión.
Con enrome entusiasmo acepta ser entrevistado y con soltura expone las razones por las que en día y hora laboral está en el Zócalo: “Sí estoy trabajando, se necesita apoyar a López Obrador. Lo que pasa es que pedí un permiso especial para venir”.
El intento de desafuero lo irrita. Con molestia afirma que se trata del “peor de los atracos, un robo, un asalto, una injusticia. Es un momento histórico para el país. La acusación es una aberración total”.
Explica las razones por las que el PRI y el PAN quieren a Andrés Manuel (se refiere a él por sus nombres de pila) fuera de la carrera del 2006: “Lo quieren quitar porque tienen miedo (PRI y PAN) de que llegue una persona del pueblo, que lo apoye”. Y luego pasa a enaltecer el trabajo del de Macuzpana al frente de la capital, diciendo que las calles del Centro Histórico son ahora como las de primer mundo, las compara con Europa. “Nadie en México ha hecho tanto obra y sólo lleva cuatro años”.
La corrupción en la administración local –esa que AMLO también metió en el costal del complot-, es para él “cosa de humanos” y la minimiza por comparación con el pasado:” lo que pasa en el D.F. no es nada con lo que hizo el PRI y lo que ahora hace el PAN”.
Su aspecto que lo podría confundir con un notable político o académico y la efusividad con la que se expresa, llama la atención de varios estudiantes que acudieron a cubrir el evento con sus videocámaras. En el transcurso de la entrevista se reúnen a su alrededor varios jóvenes que lo filman pensando que se trata de una personalidad del PRD, pero no, es sólo uno ciudadano más que piensa que a López lo quieren quitar “a la mala”.
Un señor se acerca y pregunta tímidamente: — ¿Él quien es?; — Una persona que entrevisto para un sondeo, contesto; — Ah, es que pensé que era alguien importante, se justifica el señor.
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Los niños también están ahí. Una niña “baila” formada en una fila esperando su turno para entrar a un de los baños portátiles instalados en el lugar. En su pecho y en su espalda trae un par de cartulinas que dicen “Hoy no fui a la escuela para estar contigo”.
Otro menor espera el paso de AMLO por el pasillo que corta la plaza. No tiene más de seis años pero sí tiene cara de aburrimiento. Contesta a tirabuzón que él apoya a López Obrador, y sabe el motivo del juicio: “lo acusan porque abrió una calle”. Se cohíbe y deja de hablar.
A pocos metros una niña de su edad afirma: “quieren desaforar a Andrés Manuel (ella también evita los apellidos)”.
Ambos no han ido hoy a la escuela para -a su corta edad-, estar ahí en un día que es punto de inflexión en la democracia mexicana.
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También están los acarreados. Él tiene más de 30 años y por su sombrero y las llagas en sus manos se entiende que se dedica al campo. De Huahuetza, Puebla llegó en un camión que salió de la casa del partido en su municipio que no les cobró nada.
La entrevista lo intimida y sólo atina decir dos frases con sentido. Su apoyo a López Obrador es “por el bien que está haciendo, pero lo malinterpretan”; y que lo quieren desaforar “porque el gobierno teme de alguien que sea mayor que él en sus actitudes”.
Su pronóstico ante lo que sucedería si el Congreso aprobara el desafuero lo dice tan desconcertado que desconcierta: “Sí López Obrador va a la cárcel el PRI y el PAN crecerían mucho, sería peor cuando entre un gobierno de ellos”.
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Hablan también los dirigentes de grupos organizados que llegaron al Zócalo.
Él es un joven de no más de 30 años y es dirigente de Patria Nueva, un grupo de Tlalpan que busca vivienda y regularización de predios. Sus huestes vienen uniformadas de playera roja y agitando banderitas triangulares del mismo color con una estrella amarilla.
Niega que sean acarreados, dice que él sólo los organizó porque la gente “solita quiso venir, lo único que hacemos es ponernos de acuerdo para venir todos juntos”. Afirma que cada quien pagó su pasaje.
También niega tener contacto con las Redes Ciudadanas pero se enorgullece de que tan sólo su grupo aportó dos mil personas de las 700 mil que pronosticó para ese día.
Y de la tierra del Peje también hay presencia. De Jalpa de Metes, Tabasco, hay un nutrido grupo que improvisa el almuerzo en la Zócalo con carne frita, refrescos y tortillas sentados en el piso. Él dice que Tabasco apoya a AMLO: “por su forma de gobernar, sus ideales y sus principios, pero sobre todo porque es nuestro paisano”.
Se suma a los que califican el desafuero como un complot y lo separa en dos planos: “Es un complot porque jurídicamente él no cometió ningún delito y lo quieren quitar del camino porque políticamente es el candidato favorito”.
Dice que la acusación a su paisano es porque quiso ayudar a la gente de un hospital abriéndoles un acceso. Tal vez lo que no le dijeron a las 30 mil personas que afirma que vinieron de Tabasco, es que la obra fue el resultado de un acuerdo mercantil y que el hospital en cuestión es privado, con tarifas de $28,000 por una cesárea que no incluye los honorarios de ningún miembro del staff médico.
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Ella viene de traje negro sastre, de lentes y cabello lacio. Debe estar por llegar a los cuarenta años y con gran seguridad dice que “no debemos permitir que nos violenten, que hagamos marchas pacíficas, que es importante la resistencia pacífica, la resistencia civil”.
Reitera lo que muchos analistas han remarcado: el golpeteo a AMLO lo único que logra es unir más a los seguidores de éste: “Lo único que ha llegado a hacer es unir más a toda la sociedad, a la sociedad civil, al PRD, al PT, a los intelectuales, a los jóvenes, las mujeres, todos debemos unirnos”.
Y ella habla de los pasos a seguir. Promete que hará lo que dijo Andrés Manuel, dando a conocer que no está solo, en todas las plazas, todos los domingos. Y es que no puede ser de otra manera, ella es la defensora más comprometida de López Obrador pues López Obrador es su mayor impulsor, le acaba de dar el espaldarazo en su discurso, le debe la candidatura al gobierno del Estado de México y los 12 puntos en las encuestas que la colocaron -ahora sí- en la pelea. Ella es desde la semana pasada, oficialmente, Yeidckol Polenvsky.
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Él, de lentes, chamarra caqui, bigote y progresiva alopecia es de los pocos que está rendido ante el resultado de la Cámara de Diputados que aún no votaba a esa hora: “Ya sabemos que el desafuero es un hecho y ese golpe a la democracia lo vamos a resistir, vamos a salir adelante”.
Se nota satisfecho por los resultados de la movilización del día, pues destaca, fue un jueves muy temprano por la mañana. Sin embargo descarta que ese sea el modus operandi de lo que seguirá: “Vamos a hacer resistencia pacífica, no sólo movilizarnos, no podemos mover a tanta gente todos los días, es un larga lucha”.
Él está a punto de dejar su trabajo. Él es Leonel Godoy.
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Y durante cuarenta minutos la gente atenta mira a las pantallas o trata de distinguir entre las decenas de personas del templete al artífice de esta concentración. A cada párrafo de su discurso siguen las vivas y aplausos. Las mujeres son las más entusiastas.
“No estás solo”, fue el grito más recurrido y no era necesario hacerlo en coro o como algún estribillo, desde las ocho de la mañana, espontáneamente la gente gritaba “AMLO, amigo, el pueblo está contigo”.
Aunque el ambiente en general fue de pesar, como ya resignados ante lo que pasaría ocho horas más tarde, aún así se organizaban porras, batucadas, y de vez en vez, grupos que se prepararon como para día de campo con bolsas, almuerzo, sombrero y sombrilla, gritaban improperios hacia los empleados que se asomaron del tercer piso de Palacio Nacional, para ver a la multitud reunida.
Los ancianos, gente discapacitada, jóvenes de preparatorias populares, del CCH Vallejo, estuvieron ahí, pero esta marcha fue diferente, el entusiasmo parecía más por pose y por compromiso, que por un estado real. Parecía más un funeral en el que se invitaba a los asistentes a sentirse feliz porque el que se fue ya descansa.
Faltaron las matracas, trompetas y silbatos; los cohetes parecían incomodar más que animar. La gente llegó, escuchó y se fue. A la hora de concluido el discurso que terminó a las 10:30, la plaza y sus alrededores no tenían más afluencia que la de un concurrido domingo en el Centro Histórico.
Él se despidió, le dio gracias a la gente que fue a apoyarlos, les hizo un llamado a la mesura y a la paz, les dio instrucciones, les asignó líderes, les explicó lo que venía y se despidió. “Los quiero desaforadamente” dijo él, Andrés Manuel López Obrador.
alfredo.diaz.f@gmail.com


1 Comments:
Hola Alfredo, hice una recopilación de crónicas de la marcha e incluí tu crónica-entrevista en la lista. Si puedes chécala y opina. Saludos http://www.aweblog.org
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