La educación laica en peligro
A.D.F.
“…no importa que fuera la religión católica, musulmana, judía o budista, el hecho es que no se puede instaurar la educación religiosa pública porque la religión es, desde su más elemental origen, absolutamente contraria al conocimiento. Los hechos se demuestran y se imponen pero las creencias no …”
Estamos de vuelta al principio y es lamentable.
Mañana será 21 de marzo y con ello en México tenemos un día oficial de asueto para conmemorar el 199 aniversario del natalicio de Benito Juárez.
Una de las tantas acciones que llevaron a este histórico personaje a trascender para siempre como uno de nuestros más ilustres presidentes, fue el haber implementado una tajante y necesaria separación de la Iglesia con el Estado.
A 147 años de que esa lucha haya alcanzado su máximo apogeo -cuando en mayo de 1858, Juárez tuvo que instalar su gobierno en Veracruz por la brutal cruzada emprendida por la Iglesia Católica-, el debate parece reavivarse tras unas irresponsables declaraciones del ombudsman mexicano, José Luis Soberanes (ya se está haciendo costumbre).
Durante un evento en Los Pinos la semana pasada, Soberanes dijo que era “anticonstitucional” y “discriminatorio” que en las escuelas públicas no se impartiera educación religiosa pues los padres de familia tienen el derecho de que sus hijos sean educados en su fe, pero como las escuelas públicas tienen prohibido hacerlo (Art. 3, párrafo I: Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa.) es necesario que los menores acudan a instituciones privadas para recibir esta educación.
Lo que nunca aclaró, pero la mayoría dio por descontado, es que Soberanes se refirió a educación Católica, Apostólica y Romana y no otra.
Curioso resulta pues que hablando de discriminación, el ombudsman, el que debe de velar por la equidad y el respeto a los Derechos Humanos (que incluye la libertad de culto), haya desechado de principio 10,182,081 mexicanos que hasta el censo del 2000, no reconocen ser católicos, apostólicos y romanos.
Pero ¿cuál es el objetivo de enseñar religión (católica, apostólica y romana) en las escuelas? Dicen los que la defienden, que es para rescatar los valores de la sociedad, elevar la ética (con minúsculas) y la moral (o Moral, aquí caben ambas). Es un pretexto absurdo.
Los valores de la sociedad se elevan desde que en el hogar el padre no le grite a la madre, no haya golpes en el hogar, no haya estrés, se fomente un ambiente de respeto, tolerancia, apoyo; no se denigre el valor del ser humano, que papá y mamá no sean corruptos, se manejen con buen leguaje, no haya vicios en el hogar, haya disposición al trabajo… tantas y tantas cosas tan sencillas que son fundamentales para que los menores crezcan en un ambiente adecuado y con valores acordes con nuestra sociedad.
Sin embargo, el gran común denominador de la familia mexicana es el de padres bebedores, irresponsables, madres que le gritan a sus hijos, los golpean, los menosprecian, los ningunean, no les respetan como seres humanos (“ah, es un niño, no le hagas caso”)… y un infinito etcétera que pretenden resolver tirando la irresponsabilidad de cada uno de ellos fuera, y expiando sus culpas en la religión, pensando que dos horas que pasen sus hijos frente a un monja o un sacerdote, hará que sus hijos absorban los valores y respeto que deben ser impulsados desde casa.
Pero lo más grave aún, ¡a qué clase de institución se le pretende dejar semejante misión! Es escandaloso. A una religión intolerante (ahí no caben los homosexuales, familias “no tradicionales”, suicidas, panteístas…), discriminatoria (sólo los hombres pueden ser líderes), retrógrada (prohibido el uso del condón y de métodos anticonceptivos), irresponsable ante la sociedad (la riqueza del Vaticano y de los cardenales es obscena frente a la pobreza de “sus hijos”) y con muchas deudas morales que cobardemente han comprado para callar e hipócritamente han negado (violaciones de miles de niños).
¿Qué clase de educación les van a dar? Una que siente lástima por el que no “cree”, que enseña a la sumisión, al desprecio por el individuo que –dicen- es hijo de Dios a imagen y semejanza (pero que “Señor, yo no soy digno de que entre en mi casa…”), a la mediocridad (“los pobres de aquí serán los ricos en el reino de los cielos”), a la sumisión (pon la otra mejilla), en fin, a una serie de principios que como ya lo expusiera Max Weber, son una excelente explicación para entender porqué los países católicos estamos tan atrasados frente a los Protestantes.
Pero no importa que fuera la religión católica, musulmana, judía o budista, el hecho es que no se puede instaurar la educación religiosa pública porque la religión es, desde su más elemental origen, absolutamente contraria al conocimiento. Los hechos se demuestran y se imponen (qué alguien diga que la tierra es plana) pero las creencias no (¿usted ya conoció a Dios?).
Gracias a la religión católica, apostólica y romana, la humanidad tiene cinco siglos de atrasos, de conocimientos que fueron ocultados por el temor a perder su poder, de millones de muertes en su nombre, de ignominias como las violaciones a menores, de millones de almas torturadas por el principio de la culpa, y ahora hay quienes pretenden que esto vuelva a las aulas.
alfredo.diaz.f@gmail.com


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