¿Qué hacer con el inoperante sistema político mexicano?
A.D.F.
“…nuestro sistema presidencialista con un congreso bicameral y multipartidista es una adaptación del modelo norteamericano que, sin embargo, nunca respondió a las necesidades históricas y sociales específicas de nuestro país…”
El día de mañana estaremos a sólo 68 semanas del 2 de julio de 2006, esa mítica fecha en torno a la que hemos girado desde el 1 de diciembre del 2000 cuando Vicente Fox inició su periodo y, por ende, comenzó la cuenta regresiva para su fin.
Desde entonces sólo una certeza absoluta hemos logrado construir y reafirmar cual dogma de la política nacional: en este sexenio no se hizo nada.
Pero hay que ser justos, la mayor parte de la responsabilidad del fracaso de este periodo no recae tanto en el presidente Fox como en la falta de acuerdos derivada de tres actores con sus respectivas culpas. Por un lado la impericia de Santiago Creel al frente de la Secretaría de Gobernación y de figuras de enlace como Ramón Muñoz o Eduardo Sojo; la falta de experiencia y empecinamiento protagónico de los legisladores, y; la falta de voluntad de los partidos políticos por construir acuerdos mirando sólo por su propio beneficio y viendo desde el primer día de la administración Fox por la sucesión de la silla presidencial.
La apuesta al fracaso que hicieron los partidos de oposición dejó al descubierto un serio problema en la constitución del sistema político mexicano, entendiendo este, muy llanamente, como las reglas por las que se accede al poder y las normas que dan sentido a la actuación política de los grupos a los que asigna papeles.
Antes de avanzar, es necesario puntualizar que desde que partimos de la idea de sistema político se reconoce que este es representativo por lo que se espera que haya conflictos, debates y contradicciones, razón por la que el poder se divide en tres y se deposita en representantes, sin embargo la pluralidad no debe ser motivo de parálisis como ha sucedido desde que Vicente Fox asumió la presidencia.
El hecho de que exista todo un marco normativo como es la Constitución, en la que se establece la conformación del Estado, la forma de gobierno, los mecanismos para acceder a él y las facultades de cada poder, no garantiza de ningún modo que este funcione pues en el sistema político las reglas no lo son todo, los jugadores son fundamentales.
Sin embargo en un país que durante tantos años estuvo sumergido en la ilegalidad de los gobernantes, la relativa claridad y paz que significa el status quo hace que se asuma una posición de resistencia al cambio en el sistema político, dejando de lado que este surge de las necesidades del país en un momento dado, no al revés, el país no es como es gracias a sus sistema político. De la aceptación de esta idea provendrán los primeros pasos que permitan la modificación del inoperante sistema actual.
Y es que con la experiencia pasada de presidentes despóticos y la ambición de una adelantadísima sucesión presidencial, las propuestas buenas o malas de Fox han sido frenadas una y otra vez en el Congreso, que en sus momento surgió con el afán de moderar el poder por el principio de la división, pero que ahora ha desvirtuado su papel reduciéndolo al verdugo que hace lo que le viene en gana sólo por que puede.
Nuestro sistema presidencialista con un congreso bicameral y multipartidista es una adaptación del modelo norteamericano que, sin embargo, nunca respondió a las necesidades históricas y sociales específicas de nuestro país. De entrada, el modelo federal que aumenta el papel de los gobiernos locales se adoptó por ser lo políticamente correcto, pero no lo que el país necesitaba, una nación que desde antes de la llegada de la colonia, aprendió a vivir del centralismo. El presidencialismo con múltiples partidos también representa un problema estructural de fondo, porque en la pluralidad electoral que vivimos, encontramos a un presidente huérfano en un sistema que está diseñado para que funcione por la interdependencia y colaboración de los poderes (como ya señalé, los partidos en México, actualmente, no cooperan en miras de sus propios intereses egoístas y mezquinos).
Ante este panorama, ¿qué hacer?
De entrada se ve que de continuar la tendencia actual (nada indeseable por cierto, pues permite que diversos grupos estén representados en sus respectivos partidos), el país está condenado a la inoperancia durante el próximo sexenio, panorama absolutamente repulsivo para todos los partidos pues, independientemente de quien gane, se enfrentará exactamente a los mismos problemas que el gobierno de Vicente Fox, con un congreso dividido, empecinado en meterle el pie cada que se pueda, y mirando a sus intereses particulares de partido.
Esta circunstancia es muy similar a la vivida en Francia al concluir la Segunda Guerra Mundial y que los llevó a la misma reflexión a la que ahora muchos intelectuales y políticos apuntan, y es la reforma del Estado, inmersa en ella una reforma al sistema político.
Siendo así, tenemos de tres sistemas para escoger, los más importantes en los Estados modernos y funcionales: parlamentario, presidencialista y mixto. ¿De qué trata cada uno?
Sistema Parlamentario:
En este, por votación directa y universal, se elige un parlamento que, a su vez, designará al gobierno encabezado por un Primer Ministro, Canciller, Presidente del Gobierno o Jefe de Gobierno quien será la cabeza del poder ejecutivo al lado de un Jefe de Estado de carácter simbólico sin facultades de gobierno pero símbolo de la unidad y representante del país (Presidente o Rey).
La designación del Primer Ministro por parte del parlamento obliga a este y a su gabinete con la cámara que es, a su vez, la representación del pueblo. Así, el gobierno está en constante obligación de mantener la confianza del pueblo quien lo podrá remover cuando lo considere preciso. A su vez, el Primer Ministro tiene la facultad de disolver al parlamento para convocar a nuevas elecciones y así construir una mayoría afín que le permita operacionalizar su gestión. De esta forma están determinados los pesos y contrapesos, el parlamento remueve, el ministro disuelve
Un parlamento ofrece la ventaja de que los partidos que son minoría se convierten en los más férreos críticos del gobierno que designó el grupo con mayoría y, con la conformación de mayorías por coalición, pueden exigir la comparecencia de los funcionarios o su remoción.
Además, los miembros del gabinete tienen responsabilidad política tanto hacia el Primer Ministro como hacia el parlamento quien los puede remover.
¿Cuáles son las ventajas funcionales en las relaciones Ejecutivo . Legislativo? Que existe una dependencia orgánica entre ambos poderes, hay un poder ejecutivo poderosos con apoyo de su mayoría en el parlamento, que es el líder del Ejecutivo y de su bancada, pero controlado por las minorías que exigen cuentas
Este sistema, por su representatividad e ingerencia directa en el gobierno que de esta emana, es propicio para gobernar naciones multiculturales o compuestas de diferentes etnias como es el caso de México que es uno al norte y otro al sur, en el centro y a las afueras, lo que nos da una primera pista de lo pertinente de considerar un parlamento.
¿Por qué no es para México? Porque este sistema respondió al desarrollo de naciones con monarcas –España, Inglaterra- en el que el Jefe de Estado es por “derecho natural” y al que el parlamentarismo limitó su poder histórico.
Sistema presidencialista:
Surgido en Estados Unidos y en respuesta a sus necesidades específicas por su conformación política al momento de su independencia (13 colonias independientes pero unidas por un pacto federativo). En este, la separación de poderes les demanda un trabajo en conjunto, sin embargo las responsabilidades de cada uno están dictadas más que en los acuerdos, en lo ya establecido en la Constitución.
Cada poder surge de elecciones independientes lo que les brinda autonomía, autorregulación y legítima tanto a los Congresistas como al Presidente –en el caso estadounidense, también a los Ministros de la Corte Suprema-.
En este caso el congreso (dos cámaras), no tiene facultades de gobierno sino sólo legislativas por lo que el presidente no puede actuar sin los instrumentos que le dan las leyes pero a la vez, las cámaras sin facultades de gobierno no pueden imponer abusos de las mayorías. Las relaciones están dictadas por sus facultades no por la dependencia de un poder hacia el otro.
El sistema presidencialista estaba pensado para un bipartidismo que le permitiera al presidente tener mayoría en las cámaras, cosa que casi siempre ha sucedido pues los partidos son fuertes por los lazos que construyen a nivel micro. Así, el partido del presidente puede alcanzar los acuerdos sólo con su contraparte lo que no sucede si hay muchos partidos con intereses particulares.
En este sistema ni el congreso remueve al presidente ni este disuelve al congreso. El Ejecutivo sólo está armado con su poder de veto (arma que sólo demuestra su debilidad ante la oposición) y el Legislativo con la facultad exclusiva de modificar las leyes, las armas del gobierno.
Así, el presidente no rinde cuentas a nadie pero las cámaras tampoco tienen ninguna obligación hacia el ejecutivo con quien no guardan ningún vínculo.
¿Por qué no es para México? Por el multipartidismo que no le garantiza al presidente mayoría en el congreso.
Sistema mixto:
Para algunos semipresidencialista y para otros semiparlamentario, prefiero usar este término porque no brinda preponderancia a ninguno de los componentes.
Es un sistema complejo pues en este tanto el Ejecutivo como el Legislativo están unidos pero separados y el poder Judicial no funge como árbitro en las controversias, sino de mediador permanente entre ambos poderes pues ni crea leyes ni las ejecuta, pero sí determina la validez de estas.
Al igual que en el sistema parlamentario, el Ejecutivo está dividido en dos cabezas, Jefe de Estado y de Gobierno, sin embargo en esta modalidad, el Jefe de Estado surge del voto directo de la población. En cambio, el Jefe de Gobierno es nombrado por la mayoría en el parlamento (Asamblea Nacional) y depende su permanencia de mantener la confianza de los que ahí lo pusieron.
Así, el Jefe de Gobierno es el encargado, como su nombre lo dice, de ejercer el gobierno sometiéndose así al desgaste cotidiano de la negociación y la construcción de acuerdos. En cambio, el Presidente es el árbitro, moderador y el legítimo representante del pueblo.
Este sistema no permite la remoción del presidente, pero si este considera que el parlamento no está construyendo acuerdos ni funcionando, sí lo puede disolver para que el pueblo vote por otro y ver si este alcanza a construir mayorías coherentes.
El legislativo se compone de dos cámaras, la Asamblea Nacional que pone y remueve gobiernos (Jefe de Gobierno) y la de Senadores que sólo legisla en conjunto con la Nacional pero que no tiene ingerencia en la designación de gobiernos.
El objetivo por el que surge este modelo en Francia es que durante la presidencia de Charles De Gulle, los partidos impidieron permanentemente el trabajo del ejecutivo mirando sólo en sus intereses, en cambio, este los obligó a modernizarse y trabajar en la construcción de acuerdos pues ni los deja en la posición de sólo frenar a un presidente al que no pueden tocar, y en cambio, les da injerencia directa en un gobierno que de ellos surge.
¿Por qué esta es una alternativa? Porque en la pluralidad de partidos y la necesidad de un ejecutivo que tenga las herramientas para implementar su gobierno, es una alternativa que le permite funcionar creando sus mayorías, pero que a la vez no desgasta al Jefe de Estado en la lucha diaria por problemas domésticos.
A manera de conclusión, es importante señalar que no basta la idea de un diseño de sistema político que en el papel pareciera ser lo ideal, el deber ser, sino uno que permita que efectivamente los diversos actores de la política se puedan relacionar, enfrentar sus diferencias pero no por ello frenar al país.
Las evidencias acumuladas en estos cuatro años son suficientes para demostrar que un presidente sin mayoría poco o nada podrá hacer pues, en una democracia que, como debe ser, permite que cualquiera tenga posibilidades reales de llegar al poder, los intereses de los grupos seguirán siendo el motor principal de sus acciones.
Y como no podemos apelar a la ética de los partidos, lo que queda por venir es que se siga apostando al fracaso del rival –en este caso enemigo-, al boicot de las reformas si eso garantiza amarrar más votos.
Es momento de que todos los legisladores y líderes de partidos se sienten a pensar y asuman que con estas reglas nada se puede hacer, que es momento de tomar la discusión de una reforma pronta que los ponga a todos en posibilidades reales de que cuando lleguen a Los Pinos, de verdad puedan trabajar.
Cóctel
- No se si es más de dar lástima de preocupación la crónica postura mitómana de Yeidckol Polenvsky. Es impensable que alguien que aspira a ser gobernante y que le va a vender a los votantes mexiquenses su palabra, mienta un día sí y el otro también. Ya no le basta con habernos visto la cara con su religión, con su título, con el origen de su nombre, y con una historia que cada vez revela más inconsistencias. Ahora nos venimos enterando que sí inició un juicio para cambiar su nombre pero de este nunca informó ni cuando dio la conferencia de medios en la que supuestamente diría “toda la verdad”. Entre su obstinación de pasarse las leyes de largo e insistir que su sufrimiento es pretexto válido para omitir trámites legales, y su permanente actitud de mentir y hacerse mártir de los golpeteos que esto le acarrea, no quiero saber lo que va a pasar si llega a ganar la elección. Reprobable.
- El PT en alianza con el PRD para las elecciones del Estado de México. ¿Cuál es la necesidad de mantener a ese partido que siempre, como rémora, va pegado al PRD? Si son tan afines, pues que se unan y dejen de estar jugando a que son una alternativa cuando nunca se presentan solos a la batalla en una cobarde posición para no perder el registro.
- ¿Maratón por la Legalidad? ¿De qué caramba sirve eso para evitar el desafuero del Jefe de Gobierno?
- ¿A qué vino Condoleezza Rice? Si tercera gira internacional y la de la agenda menos importante. Cuando fue a Europa fue a tratar de construir un nuevo pacto entre la Unión Europea y los Estados Unidos tras el fiasco que originó la invasión a Irak y cuando fue a Medio Oriente fue a tratar se solucionar el histórico conflicto de la región, pero ¿y aquí?... ¿qué recado habrá traído?
- Acuerdo de cooperación ante la “amenaza intervencionista” entre Venezuela – Irán. ¿Qué necesidad de seguir enrareciendo las realaciones internacionales?


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