domingo, noviembre 13, 2005

Oscuros nubarrones sobre la razón

A.D.F.

…en un enfrentamiento de dogmas contra racionalidad, no puede existir diálogo porque el primero niega cualquier posibilidad de reconstruirse o de reconocer su error. El dogma no permite que quepa otra manera de pensar salvo la suya, de ahí que éste sea la semilla de cualquier tipo de intolerancia y de absolutismo…

Estamos en el umbral para cruzar el primer lustro del siglo XXI, aquel de las grandes promesas y la consolidación de los idearios de la humanidad. Estamos a 500 años de que surgieran en Europa las grandes revoluciones filosóficas que nos liberaron del secuestro de la razón por parte de la religión, que pusieron al hombre y a su raciocinio en el centro del universo y sin embargo, oscuros nubarrones se ciernen sobre lo ya construido, mostrándonos una vez más cuán lejos estamos de dejar de ser gobernados por empecinamientos de origen imaginario.

Tres casos de actualidad, de origen muy distinto, nos dan muestra de que no estamos a salvo en ninguna parte del mudo.

En Estados Unidos crece día a día el debate en torno a si se debe o no enseñar en las escuelas la teoría del “Diseño Inteligente”, que defiende la idea de la existencia de un ser supremo que concibió –o dirigió-, la evolución del hombre y de las especies.

El pueblo norteamericano, supuestamente educado y rico, afirma en un 45% que la teoría evolutiva de la Selección Natural de Charles Darwin no es del todo cierta y que alguien debió haber orquestado parte de ese proceso. El mayor vocero de esta postura es nada menos que el ilustrado presidente de los Estados Unidos, George W. Bush.

El caso dos. En España ayer más de medio millón de personas salieron a marchar en rechazo a Ley Orgánica de Educación que propuso el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Se trata de un amplio proyecto de reformas al sistema educativo que entre sus muchas propuestas está la eliminación de las clases de religión como requisito para aprobar el año escolar. En la actualidad, las clases de religión, impartidas bajo diversos nombres, son optativas y no promediables en el balance general del curso, pero la calificación sí influye para obtener becas, pasar de año o ingresar a la universidad. La nueva ley impide que esas asignaturas impliquen obstáculo alguno para los estudiantes.

El proyecto ha encontrado la oposición del Partido Popular así como de la Confederación Nacional Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos (aparentemente en ambos lados del océano las asociaciones de padres de familia son los grupos conservadores más recalcitrantes y monopolizadores de ese sector de la sociedad) quienes ignorando todos los puntos de dicha ley, se han centro en el asunto de la religión como quedó de manifiesto en el documento que leyeron tras la movilización del pasado 12 de noviembre.

El tercer caso es el mexicano. Ante la propuesta del grupo parlamentario del PRD en la capital de abrir el debate para aprobar una ley que permita a los ciudadanos decidir qué hacer con su vida cuando las esperanzas de sobrevivencia sean escasas, la Iglesia Católica respondió con fiereza, irresponsabilidad e ignorancia afirmando que se trata de un atentado contra la vida y que aquella autoridad que la apoye, no merece que se le tribute obediencia (declaraciones que por cierto son un delito y una provocación al Estado mexicano).

En este punto es indispensable señalar que en México nunca se ha hablado de una eutanasia activa, sino del derecho de las personas para dejar instrucciones en caso de que su cuerpo no pueda más. La defensa de la Iglesia ante una supuesta vida ya extinta, no es más que la lucha morbosa por mantener un cuerpo inerte e inútil atado a una máquina, ¿qué cosa puede ser más contraria al supuesto “orden natural” que propugna?

No se trata de un atentado contra la vida, sino de la decisión libre de definir cómo enfrentar la muerte. Además, se trata de derechos, no obligaciones, quien no esté dispuesto a ordenar que se le deje morir, que no lo haga, ¿cuál es el conflicto?

Y yendo un poco más allá, ¿no parece que estas tres posturas conservadoras son una visión incluso más mezquina de dios que la que puede haber si liberamos la eutanasia o el conocimiento de la ciencia?, ¿no es reducirle la posibilidad a ese ser supremo de demostrar que una persona no va a morir a pesar de que se le desconecte si no es Su voluntad?, ¿la posibilidad de que nos ‘ilumine’ acerca de que somos Su creación y no el producto de millones de años de evolución?, ¿no será mayor tributo hacer uso de la razón en lugar de encerrarnos en pensamientos que sólo niegan el potencial del ser humano?

A pesar de que en estos días somos más las personas que acudimos a una escuela y pasamos más años en ellas, viejas ideas que nada tienen que ver con la racionalidad, persisten. El sacrificio de los razonamientos lógicos a favor de los dogmas impide ver más allá de lo que la Iglesia (del credo que sea) diga.

En un enfrentamiento de dogmas contra racionalidad, no puede existir diálogo porque el primero niega cualquier posibilidad de reconstruirse o de reconocer su error. El dogma no permite que quepa otra manera de pensar salvo la suya, de ahí que éste sea la semilla de cualquier tipo de intolerancia y de absolutismo. (También existen los dogmas políticos, discursos laicos en código religiosos invariablemente).

Es cierto, deben favorecerse espacios para que ambas visiones existan. A nadie hace daño que el sacerdote le cuente a los niños las historias de Adan y Eva o les platique de Moisés liberando a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Lo que no debe ser es que la religión se imponga sobre la razón y nos gobierne porque las decisiones de los gobernantes no pueden estar basadas en sus convicciones personales pues su obligación es responder a las leyes y a la sociedad que las sustentan que, en ningún caso, están obligadas a compartir su credo. Simple.

Sin el uso de la razón no habría libertad alguna, incluyendo la libertad que permite y garantiza la existencia y reproducción de cultos de los que no podemos ser rehenes, de los que no podemos permitir que nos sometan a su muy particular visión del mundo.

alfredo.diaz.f@gmail.com