viernes, noviembre 25, 2005

Día internacional contra la violencia a la mujer

A.D.F.

…por más que se diga, no sobra volverlo a repetir: la violencia no es normal, no es justificada por motivo alguno y es un delito. En las manos de cada víctima, está el poner final a estas prácticas. En manos de los varones está el no reproducir este comportamiento y no permitir que nadie más lo haga…

“La violencia es la manifestación más cruel de la discriminación y la desigualdad en el derecho y la vida, que diaria y sistemáticamente padece la mujer a escala mundial”. Con estas palabras, Kofie Annan, Secretario General de la ONU manifestó su preocupación ante el Día Internacional contra la Violencia a la Mujer que se conmemora hoy.

La violencia contra la mujer es una de las manifestaciones más crueles, cobardes, retrógrados y tristemente cotidianas que se viven por todo el mundo.

Las mujeres son las principales víctimas de violencia intrafamiliar proveniente ya sea de sus padres o familiares varones, pero principalmente de sus parejas, dejando claro que la sociedad patriarcal y machista, sigue en boga.

Las cifras sobre esta problemática son escandalosas. En México, la violencia en casa es la segunda causa de muerte en mujeres en edad reproductiva, sólo por debajo del cáncer cérvico-uterino. Las cifras oficiales afirman que el 35.4 por ciento de las mujeres que viven en pareja, afirman haber sido alguna vez víctimas de maltrato.

Y es que la violencia no es en lo absoluto un fenómeno aislado y que tiene como firma los moretones. La violencia puede ser física pero también es emocional, sexual y económica. Las amenazas, celos, relaciones sexuales no deseadas y el control de los gastos o la libertad para salir a la calle, también son agresiones que no deben ser toleradas.

Estudios dados a conocer a propósito del día, señalan que el mayor índice de violencia doméstica lo sufren aquellas mujeres que trabajan fuera de su hogar, como resultado de la lucha de fuerzas al interior de la pareja una vez que la mujer se supera y puede valerse por sí misma. A lo anterior hay que agregar que de acuerdo al Instituto Nacional de las Mujeres, un mayor índice de escolaridad, parece no ayudar en nada a reducir la incidencia en el maltrato. Qué preocupante.

Hoy, por todo el mundo podemos ver las secuelas de la violencia de género, mujeres que son atacadas sólo por eso, por ser mujeres, por vivir en una sociedad que impide que sus condiciones de desarrollo sean equiparables a las de los hombres y por eso quedan –generalmente-, relegadas y dependientes. Cuán más canalla se puede ser para aprovechar estas circunstancias y golpear.

Pero no sólo eso. Las mujeres también padecen atroces prácticas como la mutilación genital (especialmente en África del Norte) o los feminicidios que ya suman miles de muertes en Chihuahua, Estado de México, por hablar del caso mexicano, de Sudán para citar un ejemplo internacional, o las dos mil muertes de 2001 a la fecha que se han presentado en Guatemala. Sólo por ser mujer.

En Nepal hoy en día aún se aísla a las mujeres durante su periodo menstrual, tiempo en el que son maltratadas, vejadas y alimentadas con sobras; sí, es el año 2005.

En América Latina una de cada cuatro mujeres ha sido agredida por su pareja, por la persona con la que vive y en la que confía, con la que comparte su intimidad y debilidades humanas. La violencia cotidiana, en casa.

Por más que se diga, no sobra volverlo a repetir: la violencia no es normal, no es justificada por motivo alguno y es un delito. En las manos de cada víctima, está el poner final a estas prácticas. En manos de los varones está el no reproducir este comportamiento y no permitir que nadie más lo haga.

alfredo.diaz.f@gmail.com