África: razones, sinrazones y absurdos de un continente
A.D.F.
"...Tratamos de hablar razonablemente de temas que no tiene razón de ser..."
La pasarela anual. Líderes políticos, sociales, intelectuales, empresarios y todos aquellos que tienen en sus manos el destino del mundo, se encuentran reunidos en una de las zonas más exclusivas del planeta: Davos, Suiza.
¿Qué discuten? Pues en teoría la forma de arreglar los problemas del mundo, pero a las pruebas me remito, y como decía un cartón del Reforma, discuten qué hay que cambiar para que todo siga igual.
Y es que cada año se reúne la élite política y económica del mundo para discutir cómo romper la máxima desigualdad en la repartición de la riqueza que ha existido en todo la historia del planeta y que se agrava cada día, pero la hora es en que nada ha cambiado.
El tema central de este año es el financiamiento de la guerra contra la pobreza. Es más, ese debiera ser un foro permanente en sí, pero países como Estados Unidos, una vez más y como siempre, pretenden imponer su agenda de seguridad –que sí, muy importante-, ante un problema mucho más grave como los 6 5000 muertos al día por SIDA en África, o los un millón de muertos por malaria al año en ese mismo continente, o los 3 000 millones de miserables que viven (si eso es vida) con menos de un dólar al día. Esos son los problemas ¿y las soluciones?
El día jueves se dio una reunión muy peculiar y ecléctica. Compartieron panel Tony Balir, primer ministro británico, Bill Gates, el hombre más rico del mundo, Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica, Olusegun Obasanjo, presidente de Nigeria, Bill Clinton, ex presidente norteamericano, y de chamarra de cuero, playera negra y lentes oscuros, Bono, vocalista de U2.
Todos de diferentes niveles, diferentes mundos, diferentes posiciones de poder y de diferentes partes del mundo, y sin embargo el punto fue muy claro: hay que ayudar a África.
Hay buenas noticias, Tony Blair de tiempo atrás se ha sumado a la causa de que todos los países prósperos deben dar más a África, y este año él encabezará el G-8 y se ha comprometido a que ese será el tema central de su agenda.
Los representantes africanos dijeron que sólo con estabilidad social y paz se puede lograr avances. Amen.
Clinton remarcó que fue el congreso republicano el que frenó durante su administración el cumplimiento del compromiso de que cada nación rica donaría 0.2% del su PIB en ayuda y puso el dedo en el renglón: 70% de los norteamericanos quieren ayudar, ¿entonces...?
Gates, el hombre más rico del mundo pero también uno de los más generosos –ha donado 750 millones de dólares en filantropía-, destacó que no hay que confundir la asistencia con caridad y que la ayuda debe ser clara y transparente, que se demuestre su utilidad para así invitar a más personas a cooperar.
Bono, menos políticamente correcto, pero con la verdad en la boca, les dijo, textual: “Es preocupante el tono del debate. Tratamos de hablar razonablemente de situaciones que no tiene razón de ser”.
Y así, como esta mesa que me pareció muy peculiar, hay muchas otras, y sin embargo en pocos logros se traducen las palabras. El presidente de Francia Jacques Chirac propuso la creación de nuevos impuestos en Europa que se destinen en asistencia a los países pobres. Tuvo buen recibimiento, ahora sentémonos a esperar que esto se convierta en realidad.
Sin embargo, en medio de la causa que no es causa, es emergencia cuando 7 mil personas mueren al día “por la razón más estúpida, el dinero”, como lo analizara Bono en mayo del año pasado, todo se va al caño cuando se topa uno con notas como la que el jueves publicó la BBC en su portal internacional: El rey de Swazilandia (el último monarca absoluto del continente) acaba de elegir a la que será su 13ª esposa (su papá tuvo 60, que nadie se espante… aún). Princesa todavía pues no está embarazada, la adolescente de 17 años tendrá que ir a Sudáfrica a realizarse una prueba de VIH para que no vaya a contagiar a “su majestad”.
¿Le digo cómo la escogió? De un concurso de belleza en la que 20 mil jovencitas, púberes y desnudas, bailaron ante el rey. La ganadora se embolsó el pase a palacio,
Swazilandia tiene la taza más alta de SIDA en el mundo, por arriba del 40 por ciento (esperanza de vida: 34 años), y para evitarlo, el muy inteligente Mswati III, dispuso la prohibición de usar pantalones, pues propician la promiscuidad. Eso sí, él a sus 36 años ya tiene 24 hijos.
Le cuento más del señor Mswati: Tan sólo el año pasado, gastó 16 millones de dólares en remodelar palacios, 500 mil dólares en un Maybach (sólo hay tres carros de este tipo en toda África) con televisión, DVD, sonido sorround de 21 bocinas, refrigerador, teléfono satelital, champagnera… En marzo, un jet de 45 millones de dólares y en abril, invitó a 100 mil personas a su cumpleaños 36. La fiesta costó 600 mil dólares.
Entre tanto, 250 mil habitantes, del millón que conforma su población, es decir, uno de cada cuatro, ruega no morir de hambre. El 40% de los swazilandeses no tiene empleo y el 70% vive con menos de un dólar diario.
Ahora ya sabemos que hay a quienes no se debe ayudar.
P.D. Las mujeres tiene prohibido usar calzones.
¿Qué discuten? Pues en teoría la forma de arreglar los problemas del mundo, pero a las pruebas me remito, y como decía un cartón del Reforma, discuten qué hay que cambiar para que todo siga igual.
Y es que cada año se reúne la élite política y económica del mundo para discutir cómo romper la máxima desigualdad en la repartición de la riqueza que ha existido en todo la historia del planeta y que se agrava cada día, pero la hora es en que nada ha cambiado.
El tema central de este año es el financiamiento de la guerra contra la pobreza. Es más, ese debiera ser un foro permanente en sí, pero países como Estados Unidos, una vez más y como siempre, pretenden imponer su agenda de seguridad –que sí, muy importante-, ante un problema mucho más grave como los 6 5000 muertos al día por SIDA en África, o los un millón de muertos por malaria al año en ese mismo continente, o los 3 000 millones de miserables que viven (si eso es vida) con menos de un dólar al día. Esos son los problemas ¿y las soluciones?
El día jueves se dio una reunión muy peculiar y ecléctica. Compartieron panel Tony Balir, primer ministro británico, Bill Gates, el hombre más rico del mundo, Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica, Olusegun Obasanjo, presidente de Nigeria, Bill Clinton, ex presidente norteamericano, y de chamarra de cuero, playera negra y lentes oscuros, Bono, vocalista de U2.
Todos de diferentes niveles, diferentes mundos, diferentes posiciones de poder y de diferentes partes del mundo, y sin embargo el punto fue muy claro: hay que ayudar a África.
Hay buenas noticias, Tony Blair de tiempo atrás se ha sumado a la causa de que todos los países prósperos deben dar más a África, y este año él encabezará el G-8 y se ha comprometido a que ese será el tema central de su agenda.
Los representantes africanos dijeron que sólo con estabilidad social y paz se puede lograr avances. Amen.
Clinton remarcó que fue el congreso republicano el que frenó durante su administración el cumplimiento del compromiso de que cada nación rica donaría 0.2% del su PIB en ayuda y puso el dedo en el renglón: 70% de los norteamericanos quieren ayudar, ¿entonces...?
Gates, el hombre más rico del mundo pero también uno de los más generosos –ha donado 750 millones de dólares en filantropía-, destacó que no hay que confundir la asistencia con caridad y que la ayuda debe ser clara y transparente, que se demuestre su utilidad para así invitar a más personas a cooperar.
Bono, menos políticamente correcto, pero con la verdad en la boca, les dijo, textual: “Es preocupante el tono del debate. Tratamos de hablar razonablemente de situaciones que no tiene razón de ser”.
Y así, como esta mesa que me pareció muy peculiar, hay muchas otras, y sin embargo en pocos logros se traducen las palabras. El presidente de Francia Jacques Chirac propuso la creación de nuevos impuestos en Europa que se destinen en asistencia a los países pobres. Tuvo buen recibimiento, ahora sentémonos a esperar que esto se convierta en realidad.
Sin embargo, en medio de la causa que no es causa, es emergencia cuando 7 mil personas mueren al día “por la razón más estúpida, el dinero”, como lo analizara Bono en mayo del año pasado, todo se va al caño cuando se topa uno con notas como la que el jueves publicó la BBC en su portal internacional: El rey de Swazilandia (el último monarca absoluto del continente) acaba de elegir a la que será su 13ª esposa (su papá tuvo 60, que nadie se espante… aún). Princesa todavía pues no está embarazada, la adolescente de 17 años tendrá que ir a Sudáfrica a realizarse una prueba de VIH para que no vaya a contagiar a “su majestad”.
¿Le digo cómo la escogió? De un concurso de belleza en la que 20 mil jovencitas, púberes y desnudas, bailaron ante el rey. La ganadora se embolsó el pase a palacio,
Swazilandia tiene la taza más alta de SIDA en el mundo, por arriba del 40 por ciento (esperanza de vida: 34 años), y para evitarlo, el muy inteligente Mswati III, dispuso la prohibición de usar pantalones, pues propician la promiscuidad. Eso sí, él a sus 36 años ya tiene 24 hijos.
Le cuento más del señor Mswati: Tan sólo el año pasado, gastó 16 millones de dólares en remodelar palacios, 500 mil dólares en un Maybach (sólo hay tres carros de este tipo en toda África) con televisión, DVD, sonido sorround de 21 bocinas, refrigerador, teléfono satelital, champagnera… En marzo, un jet de 45 millones de dólares y en abril, invitó a 100 mil personas a su cumpleaños 36. La fiesta costó 600 mil dólares.
Entre tanto, 250 mil habitantes, del millón que conforma su población, es decir, uno de cada cuatro, ruega no morir de hambre. El 40% de los swazilandeses no tiene empleo y el 70% vive con menos de un dólar diario.
Ahora ya sabemos que hay a quienes no se debe ayudar.
P.D. Las mujeres tiene prohibido usar calzones.


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