martes, diciembre 07, 2004

Otra vez (una vez más), Fox regándola

Cuando recién sucedió el linchamiento de tres agentes federales en Tlahuac (hecho aún injustificable y arteramente un homicidio doloso), la sociedad en general pedía que rodaran cabezas, que los jefes policiales y secretarios de diversas dependencias, por honor, dejaran su puesto ante la enorme incapacidad mostrada.
Ayer pasó. Marcelo Ebrard Casaubón, Secretario de Seguridad Pública y José Luis Figueroa fueron cesados.
Dos semanas pasaron y ayer, ante la sorpresa y la incertidumbre, el Presidente Fox se puso la capucha de verdugo, agarró su hacha, y cortar cabezas se dijo. Muy mal.
Y no es porque ante lo sucedido nadie se tenga que ir, claro que se debe. Pero la decisión presidencial, además de enrarecer aún más –si es que tal cosa es posible- las relaciones entre el Ejecutivo Federal y el Local, no soluciona nada. Ni esto es justicia aplicada a los asesinos, ni hará que en caso de que esto se repita la historia sea diferente, y menos aún evitará que un linchamiento vuelva a ocurrir.
Además a esto, hay que agregar que le decisión de ayer es por demás dispareja. Es cierto que tanto Ebrard como Figueroa eran jefes de policía, pero en el organigrama del Distrito Federal, Ebrard tiene puesto de Secretario, mientras que en el Federal, Figueroa está un nivel por debajo del Secretario de Seguridad Pública, así que de haber sido equitativos con tan viseral decisión, el que se debió haber ido era Ramón Martín Huerta, cosa que no va a pasar pues es bien conocida la estrecha y añeja relación de este con Fox, el amigo del Grupo de Guanajuato.
Más aún, ¿en qué lógica nos pone el presidente haciendo lo de ayer? En la de soluciones rápidas, de amputaciones apresuradas que sólo desmembran al aparato de justicia mexicano pero no curan la verdadera enfermedad.
Siguiendo el razonamiento de Fox, entonces cada que algo “escandaloso” pase, se va a cesar al funcionario encargado y venga, el que sigue hasta que colme la paciencia del residente de Los Pinos.
Otro factor que hay que añadir a tan desafortunada determinación, es que esta se da a una semana de que la PGR entregue las conclusiones en la investigación que se sigue por omisión a funcionarios públicos de ambos ramos. Es decir, cuando Fox lee su discurso, la opinión pública aún no está enterada de las conclusiones a las que se llegó. No sabemos en qué errores u omisiones incurrió directamente Ebrard, esto en el supuesto de que las hubiera.
Y si el objetivo del cese era golpear al gobierno del Distrito Federal, entonces pongámonos a llorar porque de plano, los asesores presidenciales están perdidos. Si a Rayito de Esperanza no se faltan pretextos para hacerse la víctima, peor ahora que se los sirven en bandeja.
Ya Fox se salió con la suya, hizo lo que podía porque podía y porque quiso. Única explicación viable… ah, claro, y porque las encuestas se lo demandaban (El Universal, martes 7 de diciembre): sirviendo a los números.
Acabado Ebrard y sus aspiraciones políticas que poca gracia hacían en los círculos ajenos al PRD –ni dentro, ya recordarán el incidente Cárdenas / sobrino incómodo-, a ver quién sigue en una cada vez más innegable campaña contra el gobierno capitalino.
Y ya para concluir, nota al margen, señor Ramón Martín Huerta ¿y usted… cuándo renuncia?