¡Ya, que se acabe!
Hace cuatro años y días, México reconocía en dos políticos poco ortodoxos a dos íconos de la democracia y paladines de una casi irreal transición de poder tras más de 70 años de una “dictadura perfecta” como Mario Vargas Lloza la llamara, o de metamorfosis del mismo dinosaurio como lo describiera René Avilés.Vicente Fox y Andrés López (¿por qué habríamos siempre de escribir su nombre completo? Cuatro palabras para llamarlo cuando con decir “Fox”, “Madrazo”, “Salinas”, basta y nadie se confunde) inundaron de esperanza a la gente y en el imaginario colectivo se dibujaba un enorme horizonte de oportunidades y desarrollo como hacía mucho tiempo no se daba.
No importaba que se hubiera votado por los candidatos ganadores o no, el júbilo y la expectación era general y ambos arrancaron sus gobiernos con un apoyo y popularidad que abría los espacios de maniobra de par en par.
A cuatro años ambos se encuentran sumidos en sus momentos más oscuros de sus administraciones y el tiempo se acabó. Formalmente sus sexenios expiraron y todo lo que se haga de ahora en adelante será para preparar el terreno a la próxima elección (acaso lo que han venido haciendo desde que tomaron posesión).
El presidente Fox está en el momento más bajo de su popularidad –aún así muy alta-, la mayoría de la población piensa que ha hecho poco o nada en materia de seguridad pública, de economía y empleo, las tres áreas más golpeteadas de su administración. Y sin embargo tiene 6.6 de calificación según la última encuesta publicada por El Universal.
A eso hay que agregarle que el Congreso le ha propinado el más duro golpe que un ejecutivo en un sistema Federal pueda recibir: que se le imponga el presupuesto. Más allá de las implicaciones legales, políticas y electorales que esto pueda tener, en materia de gobernabilidad y simbolismo, lo que ha hecho el PRI (embaucando a un ingenuo y púber PRD) es borrar por completo al presidente. Carlos Marín (Milenio, 17 de noviembre) fue al extremo de citar una sugerencia de la renuncia de Fox, pues ha demostrado incapacidad absoluta y ha sido derrotado.
Irónicamente, cuando Fox se encuentra peor ante la gente, es cuando la economía –salvo la inflación- mejor funciona y cuando por primera vez en cuatro años se ve un incremento en el empleo formal.
Mientras tanto las cosas para Andrés López no pintan mejor. Los casos de corrupción en los que su gente –y por ende él, no se puede desmarcar por más que insista-, se ha visto envuelta, las omisiones de su gente en el caso de los linchados en Tlahuac y los paupérrimos resultados en materia de seguridad y servicios urbanos, manchan terriblemente su administración y le pasarán factura en su candidatura a la presidencia (si es que las tribus internas del PRD no lo devoran antes).
Sin embargo, a diferencia de Fox, López ha sabido comprar la simpatía de la gente con apoyos como becas para los adultos mayores, regalando útiles escolares, construyendo obras tan enormes como inútiles. Ha sabido escoger acciones políticamente rentables que le reditúan en un abrumador apoyo, popularidad, calificación y lo mantiene a la cabeza de las encuestas.
Además, ha capitalizado con enorme sinvergüenza los errores y omisiones que ha cometido, poniéndose en un papel de víctima que bien le funciona ya que su actitud, su vestimenta, su forma de hablar, su tsurito y sus ademanes, lo hacen uno más entre un pueblo que disfruta y aplaude el martirio y la mediocridad.
Pero ambos, pese a sus logros, que poco se mencionan pero han tenido, son responsables de haber aniquilado las esperanzas de la gente y su ímpetu de participación cívica. El alto abstencionismo de las elecciones de 2003 así lo demuestra.
Además, son los máximos representantes de una descomposición política al que el país se ha ido. Las agresiones personales, las indirectas, la falta de dialogo son ejemplo claro de su discapacidad cívica, política y de hombres de estado para conducirse.
Las rencillas personales, la intolerancia y sus ambiciones han estado por encima del interés colectivo, de sus gobernados, de los que formalmente, somos sus patrones.
El tiempo se acabó y también sus oportunidades. Su paso por la historia se podría describir como una debacle de la luz a un triste gris y a ser responsables de haber desperdiciado una oportunidad única que no, nadie se haga ilusiones, no se va a repetir, por mucho que el rayito de esperanza, se empeñe en sacar adelante un proyecto alternativo de nación.
¿Cuándo se repetirá la oportunidad? No lo se. ¿Quiénes son los homicidas? La falta estatura política de estos dos.
Ya van cuatro años y lo mejor que puede pasar, es se acaben estos dos.


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