viernes, noviembre 19, 2004

¿El adiós al dupolio?

El sistema democrático al que México pretende llegar, tratando de superar lo más suavemente los ajetreos de una incipiente adolescencia cívica, no se puede dar en un escenario en el que los tres poderes de la Federación y todos y cada uno de los actores políticos se tiene que enfrentar a diario en un ring en el que son dos y sólo dos los hombres que deciden de que sí, de qué no y cómo se tiene que enterar 110 millones de seres humanos de lo que sucede a su alrededor.
La reciente iniciativa de reforma a la Ley de Radio y Televisión retomada en el Senado de la República, pone de nueva cuenta en el debate político, el asunto de la centralización de los medios de comunicación. No sucede lo mismo en los medios (especialmente la televisión) que ante este escenario que se avecina, han preferido excluir el tema de sus noticiarios, y vetado a los legisladores que impulsan el tema.
El duopolio de la televisión mexicana trabaja sin contrapesos y sin control real alguno. En las oficinas de los jefes de información y de los directivos de TV Azteca y Televisa se decide el futuro de la carrera de políticos, iniciativas de ley y acciones gubernamentales.
Así mismo, la falta de regulaciones estrictas en materia electoral, permite que sean las dos empresas, las más grandes beneficiarias del dinero público que se destina a las campañas electorales. Tan sólo en el proceso electoral del año 2000, la televisión obtuvo ingresos por publicidad de los partidos, del orden de los 2000 millones de dólares.
En la actualidad el 84% de la televisión concesionada está en manos de Televisa y TV Azteca. En la radio las cosas no son diferentes: el 76% de todas las estaciones del país las tiene concesionadas tan sólo nueve grupos.
Durante su toma de posesión y durante los primeros actos de su gobierno, el presidente Vicente Fox se comprometió a trabajar en una reforma integral a la Ley de Radio y Televisión. Durante nueve meses, diversos senadores, diputados y comunicadores fueron convocados por la Secretaría de Gobernación a mesas de diálogo y a consultas para comenzar a trabajar en el asunto. Los representantes de los medios electrónicos no asistieron a los eventos, y en un comunicado, descalificaron estas sesiones, considerándolas como atentados en contra de sus negocios.
En febrero de este año, la administración Fox, con un decreto, canceló los trabajos de la Segob y echó, de momento, todo abajo.
Sin embargo, el encanto que en su momento impulsó al presidente Fox a tomar esta acción, se ha terminado, y como diversos trascendidos consignaron, desde la semana pasada, en Los Pinos se dio luz verde a la discusión de la reforma en el Senado. Si bien no hay un compromiso formal, al menos no habrá trabas para seguir en ello.
El jueves se confirmó en el Senado que ya se cuenta con la mayoría para discutir el tema y que ya se cabildea en la cámara baja, para aprobar por consenso la ley a más tardar el próximo periodo ordinario de sesiones.
La reforma pretende eliminar los intereses particulares de los dueños de los medios con los partidos, dejando que sea el IFE quien contrate los espacios, eliminando así las tarifas preferenciales y la alza de precios que la temporada electoral acarrea. Este viernes, a discusión en el pleno de Xicotencatl.
Con la ley actual, que data de 1960, los medios crecieron en tamaño y extendieron su redes de poder en todos los campos. Aquellos políticos que quisieran ser electos, debían pasar primero por las oficinas del corporativo a comprar las prebendas y el visto bueno del dueño a cambio de intereses no conocidos, no calculables.
El cambio a la legislación que hoy se discute, si bien no va a ser una solución de tajo en el que se rompa el duopolio y que mañana vayamos a ver cientos de canales y empresas, sí impedirá que este modelo siga creciendo y que, cuando en su momento las televisoras tengan que renegociar sus concesiones, lo hagan bajo la nueva norma, una que les deberá además, imponer el cumplimiento de su responsabilidad social.
La televisión, la radio, el espectro electromagnético en general no es propiedad de nadie más que de la nación. Los grupos que actualmente lo explotan y se lo adjudican, no son más que beneficiarios a los que, temporalmente, se les brinda la posibilidad de informar, entretener y sí, obtener ganancias.
En hora buena por los senadores que se han puesto el overol, que han decidido enfrentar las presiones de los dueños de los medios, que le han entrado a lo que muchos veían como un suicidio político, y que parece que van a lograr limitar el poder de los “señoritos” de la televisión como Manuel Barttlet les dice.
Ahora, ¿quién será el legislador que diga “no” y quede como el servil de las televisoras?