Cómo desmantelar una bomba atómica
La más reciente producción de U2, sin lugar a dudas, el grupo más importante sobre el planeta en los últimos 25 años, tiene un singular nombre. Largo y complejo, y digno de ser visto desde muchos puntos de vista: How To Dismantle An Atomic Bomb (Cómo Desmantelar Una Bomba Atómica).Cuando el nombre empezó a circular, también lo hizo una confesión de Bono a su amigo Michael S. Smith, cuando le preguntó cómo desmantelar una bomba atómica. El cantante cristiano levantó los hombros, negando saber la respuesta y Bono se contestó a sí mismo: con amor, Michael, con amor.
Más allá del meloso anecdotario y sin pretender utilizar este espacio para hacer una reseña al disco –que para aquellos interesados, de verdad es una obra maestra-, es tratar de analizar esta lógica del desmantelamiento del arma más destructiva que la humanidad haya inventado, con un solo sentimiento, y esto, trasladarlo a la situación actual mundial.
Hace tres años, dos meses y 14 días, la historia del mundo cambió para siempre. Todas las televisoras del mundo, transmitieron los atentados terroristas más sangrientos, espectaculares y trascendentales hasta la fecha. El terrorismo cimbró un continente en el que no se daba, y lo hizo como una puñalada directa a los lugares más simbólicos del sistema establecido.
La respuesta norteamericana y de buena parte de las naciones, fue una enérgica condena, una solidaridad ante la desolación de vivir con miedo, y una acción militar expedita en contra de Afganistán, supuesto semillero de los terroristas.
Más de dos años han pasado desde que las tropas internacionales tomaron aquel país, ya se invadió Irak y el terrorismo, lejos de menguar, se incrementa.
Los atentados al sistema ferroviario español, los atentados en la isla de Bali, por mencionar algunos, son ejemplos claros que, pese a todas las medidas tomadas, una buena parte del mundo sigue odiando a los occidentales y están dispuestos a dar su vida, con tal de dejar en claro su postura.
Ante esto, la única respuesta de “aquí para allá” ha sido mayor hostilidad, más tropas, más sanciones internacionales, continuar con vergonzosas invasiones que violan la integridad y dignidad de los pueblos sometidos.
Pero, ¿quiénes son los pueblos que, si bien no todos son terroristas, permiten que éste exista? Son los pueblos pobres, los últimos de la cadena de desarrollo social y económico, aquellos que no tiene acceso a la tecnología de ningún tipo, aquellos en los que el común denominador de la vida de un niño, es no llegar a cumplir el año, y si lo hace, raro será que no mueran de hambre o sean reclutados por una guerrilla.
Poniendo de ejemplo a Libia, Costa de Marfil, Sierra Leona o Sudán, que si bien no son tan famosos como Al Quaeda, sí permiten la proliferación de células de terrorismo, son países en extrema pobreza, con gobiernos corruptos y que permiten el genocidio de su gente, países que durante décadas han estado inmersos en sangrientas guerras civiles sin que la comunidad internacional haga nada por detener esas situaciones.
Ante un panorama que no ofrece ninguna oportunidad para esa gente, mientras de este lado del mudo estamos absortos en saber quién, si Estados Unidos o Japón creará la computadora más rápida del planeta, es bastante lógico y hasta justificado, que se desarrolle un sentimiento de odio y sed de venganza. Y siendo la violencia el único medio ante el nulo papel al que están circunscritos sus gobiernos en los foros internacionales como es la ONU, el resultado más probable es el terrorismo, aunque sea un placebo a su insignificancia.
Pero ahora, ¿qué pasaría si en lugar de ignorarlo y dejarlo atrás en el desarrollo, esta parte del mundo decidiera hacer justicia a esos pueblo?, ¿cancelarles la deuda externa?, ¿compartir las patentes de medicamentos necesarios?, ¿desarrollar medicinas contra la malaria, difteria y SIDA?, ¿invertir para que tengan lo más elemental: agua potable y alimento?, ¿levantar escuelas?, ¿terminar con los gobiernos genocidas de la región?
Los resultados hasta ahora logrados en países como Uganda, dejan claro que quitando las presiones de pagos internacionales y brindando dinero para el desarrollo, demuestran que se pueden alcanzar grandes avances en corto plazo y mejorar la postura de semilleros terroristas, pues ya no se sienten ajenos y olvidados, sino apoyados. Los pueblos y los gobiernos quieren avanzar, sólo es cuestión de ayudarlos a ello.
“Es un hecho, los economistas lo confirman. Es un hecho caro pero más barato digamos que el Plan Marshal para salvar a Europa del comunismo y el fascismo. Y más barato, diría yo que estar combatiendo ola tras ola de nuevos reclutas terroristas”, dijo Bono en un discurso en la Universidad de Pensilvania
Así que, finalmente, parece que sí, la mejor forma de desmantelar una bomba, puede ser, el amor.


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