Feliz año a... Pt. 1: El personaje del año
Haciendo el recuento del año, y de los daños, de los diferentes actores de la vida política nacional, esos próceres de la comedia del estilo de Molier y el drama de Shakespeare que a diario nos entretiene y asombra, veamos a quiénes les fue bien, a quiénes mal, quiénes pasaron el 2004 nadando de muertito, o de panzazo y quiénes son aquellos que hubieran deseado que el corcho de la sidra del año viejo 2003 los hubiera golpeado y puesto en estado comatoso para no haber tenido que vivir el 2004.Empecemos por aquellos que salen con saldo negativo.
El Jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador, personaje del año.
AMLO vivió un año para olvidar, salvo por haber probado el blindaje que el populismo proporciona a las encuestas presidenciales: no es “indestructible” pero qué bien aguanta.
El jefe de gobierno vivió este año entre el escándalo que él mismo se provocó con sus insuperables respuestas y su obcecada tentación del complot, hasta por los golpeteos políticos externos, que lejos de ser obra de las “fuerzas oscuras”, es el juego propio de la política.
El Jefe de Gobierno dice y repite en sus conferencias de prensa que sus errores (aunque nunca usa esa palabra, él nunca se equivoca), los utilizan sus rivales para golpearlo. Claro, ¿qué más podía pedir? Si esto es política, no es un juego de canasta con té, los errores se usan para manchar al rival. Esto es una competencia.
AMLO cerró el año 2003 con una buena noticia: la Secretaría de la Reforma Agraria desempolvaba un papel que decía que el Paraje San Juan era un predio ya expropiado. Ufff… suficiente para salvarse de pagar más de mil millones en indemnizaciones y para destrozar al presunto dueño en la cárcel (nótese, venganza número 1).
Sin embargo luego vino el caso del Encino que tiene en capilla a López Obrador. La Cámara de Diputados y la Sección Instructora analizan las pruebas que parecen comprometer al Jefe de Gobierno en un nievo desacato. Son muchas como para que todos sean golpeteos, pero no adelantemos juicios, y esperemos unos meses. El resolutivo de la Sección Instructora será el primer festín informativo del año, anótelo en su agenda.
Pasado esto, se descubre que el chofer, “Nico”, gana casi lo mismo que el jefe. A la mañana siguiente, AMLO sale a decir que Nico es Jefe de Logística, y que sus funciones son de 5 de la mañana a la media noche (Nico no tiene vida, puedo inferir). A las pocas semanas, Milenio descubre que la familia de Nico trabaja en el gobierno del Distrito Federal. No es nepotismo, no sabían que eran familiares de Nico, el Peje no se equivoca.
Por si no fuera suficiente, no terminaba de caer la popularidad de AMLO tras el caso Nico y una noche, Joaquín López-Dóriga nos regala la segunda joya de los videos. Gustavo Ponce jugando en Las Vegas.
AMLO salió a la mañana siguiente a dar una de las explicaciones más absurdas, inverosímiles y pendejas (la RAE define pendejada como tontería, no me he excedido en el término) para justificar que la PGJDF no detuvo a Gustavo Ponce. En resumidas cuentas, López dijo que Ponce le prometió estar ahí la mañana siguiente para dar una explicación.
Cual si la ciudadanía fuese su idem, el Peje creyó en la palabra de Ponce y no le puso vigilancia. Es más, AMLO dijo desconocer que su Secretario de Finanzas (el que daba el dinero para los segundos pisos, para las tarjetas de los abuelitos, para los útiles escolares…), una de las personas más prominentes de su organigrama, salía 5 o 6 días del país para ir a jugar en un salón VIP del Hotel Bellagio.
En los niveles en los que AMLO se mueve, como Jefe de Gobierno eres en parte responsable de los errores –delitos- que tu gente cercana comete: 1) O sabes y nos haces nada (cohecho),: 2) O no sabes lo que hace tu gente, que también es sumamente grave porque es deber del gobernante conocer y saber las actividades de los colaboradores más cercanos, 3) O medio sabes, lo que es aún más grave que la anterior, porque ante las sospechas, la omisión se presenta al cuadrado. Lo lógica no admite más, y bajo el manto de la ignorancia, AMLO se desentendió de Ponce como lo hizo con Bejarano, Octavio Flores y Carlos Imaz.
Luego vino Bejarano. Caso por demás documentado, triste y patético. AMLO negó a Bejarano como su operador político (tantos principios como sea posible, tanto pragmatismo como sea necesario, reza AMLO en voz baja) y ahora está empeñado en destruir a su otrora mano derecha en la cárcel.
El ejemplo de Bejarano, es el más fiel para mostrar la verdadera naturaleza de AMLO como animal político (para quien no esté familiarizado con el término “animal político”, no es ofensivo, es una expresión griega para definir el comportamiento humano en el ámbito político). AMLO utilizó a Bejarano mientras le sirvió; le sacó todo el provecho como operador político y como jefe de campaña. En cuanto vio que la relación AMLO-Bejarano lo dañaba, decidió negarlo, deslindarse y empeñarse en meterlo a la cárcel, vinculándolo además con la suciedad Ahumada-Ponce (que aún no termina de demostrar).
Ante la sorpresa mayúscula de ver al segundo hombre más poderoso del Distrito Federal embolsándose hasta las ligas y ante la falta de una explicación que no fuera la de la rampante corrupción de la izquierda, AMLO barrió pareja y expelió culpas. Primero culpó a la Secretaría de Hacienda y al Departamento del Tesoro, luego a la DEA, después al CISEN, y por último al Innombrable.
Frente a la imposibilidad de explicar las escenas que vimos, y ante la necedad de no reconocer nuca sus errores, AMLO justificó a Bejarano, a Imaz, a Shembau, y a todos los que necesitaban su ayuda. El PRD mostró su cara más ruin e hipócrita, matizando el delito, haciendo una nueva escala de valores en los que cuando la izquierda se corrompe, es por una causa.
¿A quién quieren engañar? A los miserables que encuentran en las tarjetas de ayuda un respiro a su situación, y a los que compran su conciencia y su voluntad.
Luego vino a la histórica marcha del 27 de junio. Más de medio millón de personas salimos a las calles para reclamar un derecho fundamental, y sobre el que todo lo demás se construye: seguridad.
Ante la coyuntura, el Jefe de Gobierno se sacó otra explicación imbécil, arguyendo que la marcha era organizada por la ultraderecha y por El Yunque.
Lo que AMLO nunca se tomó la molestia de averiguar es que un sobrino de Carlos Albert, titular del espacio deportivo en CNI Noticias, había sido asesinado junto con un amigo, después de haber sido secuestrados. A pesar de que se pagó el rescate, ambos murieron con un tiro en la cabeza y sus cuerpos fueron arrojados en un basurero a las afueras de la ciudad.
El hermano de la víctima (me disculpo por no tener sus nombres) obtuvo un espacio en el informativo nocturno, y con toda la rabia, coraje, impotencia y odio justificados, convocó a que los que quisieran, salieran a la calle, vestidos de blanco, a protestar en silencia.
Nunca nadie se imaginó que el llamado de estos jóvenes tendría semejante convocatoria. Pronto, empresas, organizaciones civiles y medios de comunicación, se unieron a la causa y el movimiento se preveía como el más grande en décadas: 200 000 personas. Pero ni ese pronóstico podía hacer sombra a lo que realmente fue: 560 000.
Ante el tsunami que se le venía, AMLO, en lugar de reconocer sus errores, su ineptitud y la de su gente para combatir la delincuencia, arremetió una vez más contra el movimiento, desprestigió una vez más el origen y la llamó “la marcha de los pirruris”.
Arrogante y ahogado en su propio ego, AMLO no pudo mas que reconocer que era un llamamiento legítimo, pero necio como una mula, no quitó el dedo del renglón: esto es de la ultraderecha.
Pobre.
Y como buen izquierdoso (que no izquierdista), y perredista, AMLO volvió a las viejas prácticas populacheras para medir fuerzas, tomar las calles.
Se organizó a sí mismo un baño de pueblo para protestar contra su eventual desafuero. Un problema legal, que es sacado a la calle, cual si las leyes se pudieran anular sólo porque mucha gente demostró cuanto lo quiere. Esa es la mediocre lógica de AMLO.
Con más de 150 000 acarreados, perdón, libres ciudadanos, AMLO tomó el micrófono y desnudó su naturaleza: “se que represento un rayo de esperanza…”
Mesiánico, cual Hittler, él se proclamó el líder salvador, el fuhrer mexicano, el pastor del mito destino. Patético espectáculo.
¿Y cómo cerró el año? Más pobre y necio que nunca.
La capital mexicana sufrió a lo largo de este año, cinco intentos de linchamiento. En ninguno se actuó contra los responsables, argumentando que se “trata de usos y costumbres”. Por favor.
La impunidad se presentó como garantía, y los habitantes de San Juan Ixtayopan, decidieron, simplemente, matar a tres agentes federales.
Son usos y costumbres rebuznó de nuevo AMLO mientras justificó la falta de carácter de sus adjuntos policíacos para actuar.
Con o sin la PFP, era obligación de actuar con la fuerza si era obvio que los agentes estaban en peligro. Para eso está el Estado.
¿Cuántos errores le conté? Y aún así, con su gallo medio desplumado, AMLO sigue bañando en ego y autocomplacencia.
¿Los aciertos? No, sólo responsabilidades cumplidas, que siendo esos, su responsabilidad, no son puntos a favor, sólo el deber cumplido.
“Hey, tu columna no es objetiva, odias a AMLO”: De eso se tratan las columnas, de leer la opinión del que escribe, quien deberá justificar sus opiniones con datos o argumentos. El columnista debe darle al lector su lectura de la realidad y una interpretación, independiente pero sustentada. Eso intento.
¿Por qué critico a AMLO? Por los argumentos arriba expuestos y arriba explicados, que, me parece, me deslindan de un odio pasional. Es sólo repulsión racional.
Lo invito a que lea la segunda parte de esta columna “Feliz año a...”, en la que veremos, más brevemente, cómo le fue a Roberto Madrazo, Jorge G. Castañeda, Vicente Fox. Felipe Calderón, Rosario Robles, Marcelo Ebrard y Jorge Emilio González.


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