Las deudas de la humanidad
Hoy en Estados Unidos se disputa la 56° elección presidencial de ese país y el mundo presta atención absoluta a lo que pueda pasar en Florida, Ohio o Pennsilvania. Y si hoy son esas elecciones, ayer fue Bejarano, antier Creel, hace un mes el sindicato del IMSS y hace 4 meses la salud del Papa. Esos son los temas que nos ocupan, que parecen ser furndamentales y los que todos nos enfocamos a observar. Pero teniendo una visión global y viendo todo "el bosque" todo eso es como una basura en el ojo para un enfermo de cáncer.Hasta el 16 de noviembre, el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México, expone las fotografías ganadoras del World Press Award, el premio de fotografía periodística más importante del mudo. Y es cuando se ve a un niño de cuatro años, con una cara de terror, arropado por su padre tirado en la arena, encapuchado, vejado, humallado y anulando su dignidad, tras los alambres de puas, cuando uno se da cuenta que lo que pase o deje de pasar en Estados Unidos o con Bejarano, vale nada.
La fotografía que les describo, es una instantenea sobrecojedora. Uno como ser humano, no puede sino preguntarse ¿qué se supone que debo hacer con esto? La deuda que como humanidad tenemos con ese niño y con ese iraquí es impagable.
Entre esos pasillos uno lee frioleras que sólo la abstracción matemática de las cifras, impide que uno caiga rendido ante el drama del mundo.
Un millón de muertos en los conflicto en Laos desde el fin de la Guerra de Vietam. 500 000 mil muertos en Chechenia, 60 000 en Libia, los 80 000 en Dalfur. Y esas fueron las fotografías de este año, pero ¿qué con las 60 000 muertes en Yugoslavia y Sarajevo?, ¿qué con las 6 500 muertes diarias por el SIDA?, ¿con los 27 millones que ya llevamos por la pandamia de nuestra era? y ¿qué con el un millón de muertos en 1994 en Ruanda en tan sólo 100 días?. Ante esto el mundo hace ojos y oídos sordos, nos hacemos tontos y pretendemos que eso no pasa simplemente porque nuestra pequeñes mental no nos permite reconocer que hemos fallado.
Pero más allá de tenerle que pedir disculpas a todos esos muertos y los millones de seres huamanos que hoy sufren mientras usted lee esto en su PC y yo lo escribí con un vaso de Coca Cola en la mano, deberíamos sentir vergüenza porque la omisión moral de permitir que todo esto pase, no es sino la negación total y consciente de reconocer a todos los seres humanos como nuestros semejantes.
Hace 300 años, en Francia, los hombres más brillantes del Humanismo nos regalaron las ideas de democracia, libertad, pero sobre todo de igualdad. El mundo occidental las adoptó, hípócritamente las vitoriamos y decimos estar dispuestos a defenderlas, pero ese niño en brazos de su padre demuestra con contundecia, que somos hipócritas, falsos y que tenemos una deuda que ni toda la humanidad con toda su hisotria y toda su voluntad, puede pagar.
Ya debemos mucho, y como dice Bono, tenemos el dinero, tenemos los medicamentos, lo tenemos todo, pero... ¿Tenemos la voluntad?


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