martes, diciembre 27, 2005

REPORTAJE //El PRD a las puertas de Los Pinos: Negociaciones para la integración de las listas plurinominales al Congreso de la Unión. Tercera entrega

A.D.F.

…en el fondo se asoma más un pragmatismo electoral que integra a quien se quiera sumar con su respectiva cuota de votos. Habrá personajes que revestirán al partido como Miguel Ángel Granados Chapa que supuestamente está considerado para el Senado, otros que sumarán votos por su presencia local, pero otros tienen pasados muy cuestionables, incluso de franco enfrentamiento con el PRD…

La aduana de los candidatos externos

Los candidatos externos van a ser los más y son los que mayor polémica levantan al interior del PRD. De acuerdo a Ricardo Alemán, titular del espacio ‘Intinerario Político’, de El Universal, el 26 junio de este año, en el Palacio del Ayuntamiento, López Obrador y su equipo “diseñó una estrategia para excluir a la militancia del PRD en las elecciones de julio del 2006”, que el requisito para ser candidato sería “hacer méritos” en las Redes Ciudadanas. Las listas plurinominales serían decididas por el partido –previo ‘palomeo’ del entonces Jefe de gobierno’- pero la lealtad de los legisladores de mayoría estaría con el candidato presidencial. Para justificar la medida, el discurso sería: “el PRD no puede ganar solo, necesita apoyos” (El Universal, 28 de junio, 2005).

Pasos en ese sentido se han dado sin duda. Marco Rascón cuestiona:

Este PRD que da la bienvenida a los despojos del salinismo y el zedillismo no puede competir éticamente con el priísmo y el panismo, porque son lo mismo: sólo los distingue la bendición de la mano papal ungida en el Zócalo el 24 de abril, que obtuvo todo el poder para decidir quién es bueno y quién es "sociedad civil".

¿Ese era el proyecto democrático en que creíamos? ¿Por qué triunfaron y se impusieron los que nunca arriesgaron nada? (La Jornada, 8 de noviembre, 2005)

Andrés Manuel López Obrador, en cambio, pide ser más “generoso” y a no cerrar las puertas del partido a nadie a fin de “impulsar un gran movimiento ciudadano para triunfar” (La Jornada, 30 de octubre, 2005).

Rascón vuelve a inquirir:

Unos serán senadores, otros asambleístas; los más, burócratas. Por el otro lado, ganando, la izquierda pierde, ya que surge la pregunta: ¿tras décadas de lucha no había nadie de la izquierda que pudiera gobernar?

El candidato Andrés Manuel López Obrador, se dirá, hizo justicia derrotando a las corrientes tan señaladas y cuestionadas en los últimos nueve años, pero las habrá sustituido por quienes desde los gobiernos y los últimos sexenios priístas combatieron al PRD.

Los nuevos actores en el partido del sol azteca no son una fuerza política de convicciones, sino de ambiciones, por lo cual el núcleo que hoy integran López Obrador y Manuel Camacho está constituido por la ambición de unos y el miedo de otros, que han perdido el control y la interlocución con el poder, detentados durante años (La Jornada, 6 de diciembre, 2005).

Miguel Ángel Velásquez afirma que en el PRD domina la mezquindad contra la unidad del partido y recrimina a los que no se quieren sumar al barco que se acerca a la victoria:

Fuera del grupo bien conocido, en una buena parte del PRD y de la gente de la ciudad y el país se quería escuchar, por fin, un discurso que alentara la unidad.

Por ahí, un tanto timorata, en algún discurso se habló de la posibilidad, pero desde la mesa principal las miradas duras esterilizaron la propuesta que terminó en nada, como concluyó la reunión

Fueran pocos o muchos, los asistentes a la reunión eran los mismos. Por decirlo de alguna manera, eran ese 18 por ciento del PRD que, una y otra vez, ha perdido elecciones en el país.

Y pocos parecían esas luces para alejar las sombras del fracaso con que ha cargado la izquierda en sus intentos por gobernar a México, aunque siempre serán necesarias para impulsar un nuevo esfuerzo que permita llegar con plenitud al poder.

Por ello, de mayor importancia era hacer a un lado la mezquindad, para lanzar el mensaje esperado, aquel de ir juntos por una causa, pero no fue así, la necesidad levantó barricadas infranqueables por el momento y la unidad en el PRD quedó en mito (La Jornada, 7 de noviembre, 2005).

La lista de candidatos externos al PRD es policromática y crece día con día. El propósito es, de acuerdo al diputado Miguel Alonso Raya, que al Congreso lleguen personas con experiencia y oficio, que procuren una mejor imagen del partido, y fomentar una ‘política de alianzas’ que dote de personalidad a la bancada perredista.

Empero, en el fondo se asoma más un pragmatismo electoral que integra a quien se quiera sumar con su respectiva cuota de votos. Habrá personajes que revestirán al partido como Miguel Ángel Granados Chapa que supuestamente está considerado para el Senado (El Universal, 13 de octubre, 2005), otros que sumarán votos por su presencia local, pero otros tienen pasados muy cuestionables, incluso de franco enfrentamiento con el PRD.

Roberto Campa (ligado con Elba Esther Gordillo), quien apenas en octubre renunció al PRI, estaría negociando con Dolores Padierna su inclusión como candidato al Senado (El Universal, 7 de noviembre, 2005). Alfonso Durazo, ex secretario particular y ex vocero del presidente Vicente Fox, podría haber sido promovido por las Redes Ciudadanas para ser senador. Al ser cuestionado al respecto, AMLO contestó que lo que dijera “su dedito” y no emitió declaración alguna (La Jornada, 11 de noviembre, 2005).

De origen priísta, también el nombre de Arturo Nuñez supuestamente ya fue aprobado para competir precisamente en la tierra de AMLO, Tabasco (El Universal, 2 de noviembre, 2005). Del mismo modo, se ha informado que en el CEN del PRD ha buscado en persona a Enrique Ku Herrera, antiguo secretario de Asuntos Indígenas en el Revolucionario Institucional durante la primera dirigencia de Mariano Palacios Alcocer, para que compita al Senado por Campeche, como una alternativa a Layda Sansores que lo intentó ya en el pasado. También acudió a la sede nacional de partido Enrique Ibarra, colaborador de Roberto Madrazo al inicio de su dirigencia en el PRI y que sería postulado en Jalisco.

El ex edil del municipio de Benito Juárez en Quintana Roo (donde se encuentra la ciudad de Cancún), Juan Ignacio García Salvidea, es visto por la dirigencia del PRD con agrado para buscar una senaduría. Ya recibió el aval de Leonel Cota Montaño, presidente del partido cuando lo visitó en la cárcel (El Universal, 1 de diciembre, 2005). El 11 de este mes, la dirigencia del PRD reafirmó que El Chacho, pese a estar detenido, sigue siendo dirigente perredista en la entidad y se le mantendrá abierta su aspiración a la Cámara alta (Reforma, 12 de diciembre, 2005).

El 9 de noviembre, en la Mesa Política de Monitor MVS, Felipe Calderón, candidato del PAN a la presidencia, informó que antes de que él se reuniera con Elba Esther Gordillo después de su victoria en el proceso interno blanquiazul, Andrés Manuel López Obrador, por conducto de Manuel Camacho Solís, mantenía contactos con la Secretaria General del SNTE para pedirle su apoyo en la campaña y que le habían ofrecido ya espacios a su grupo en ambas cámaras.

Nombres tan contrastantes como José Guadarrama y Ricardo Rocha, de historias tan dispares como los lugares reservados para la Unión Nacional de Trabajadores, también se han mencionado como opciones del PRD al Congreso de la Unión, todo como parte de una campaña operada para atraer a aquellos ciudadanos que ya no votarían por un político pero sí por un ciudadano como ellos, o al menos por una persona con la que se identifiquen más, a la que sientan más afín. Acercarse a la llamada “sociedad civil”.

Evidentemente esto trae opiniones encontradas de quienes ven esta práctica como un riesgo, un recurso de doble filo. Julio Hernández López, autor de la columna ‘Astillero’ en La Jornada:

Mantener como visión rectora el espejismo de las plazas públicas muy concurridas al paso de la campaña no permitirá revisar con seriedad el fenómeno de los conflictos internos del perredismo (Ortega y Ebrard, en el Distrito Federal, pero ese sólo es el ejemplo más notable), la deformación oportunista que se vive en ámbitos de las redes ciudadanas y el daño a la esperanza pejista que produce la pepena de personajes muy negativos que salen del PRI o de otras formaciones políticas, para ser recibidos con alfombras de promesas plurinominales sólo porque la lógica dominante del camachismo es la de las alianzas fundadas en escisiones y renuncias (La Jornada, 23 de noviembre, 2005).

La aduana de las alianzas

Las alianzas firmadas por el PRD el 30 de noviembre son otro frente de negociación para definir a sus candidatos al Congreso. A cada partido aliado se le deben dar lugares en ambas Cámaras y permitir que postulen a candidatos donde su fuerza les permita la victoria de sus militantes.

El PRD participó en la elección presidencial del 2000 en conjunto con cuatro partidos, tres de ellos nacientes. La ‘Alianza por México’ conformada por el PRD, PT, Convergencia, PAS y PSN ayudó a que todos conservaran el registro, pero también demostró tres años más tarde, que ninguno de ellos, por sí solos, eran competitivos. PSN y PAS no lograron ni el uno por ciento de los votos y PT así como Convergencia se mantuvieron por un estrecho margen.

Este año, previa a la conformación de la ‘Alianza por el Bien de Todos’, hubo maniobras de los partidos pequeños que lograron ‘encarecer’ el precio de su apoyo a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

El Partido del Trabajo dijo en varias ocasiones que su candidato era Cuauhtémoc Cárdenas. Eran los tiempos en que él llamaba a López Obrador a debatir, afirmando que su proyecto de gobierno era mejor (La Jornada, 22 de mayo, 2005) y de respuesta sólo obtenía un “yo respeto mucho al ingeniero” pero “no me quiero pelear ni con Marcos ni con el ingeniero Cárdenas” (Ibid, 16 de agosto, 2005). Luego se difundió la versión de que al interior del partido había tres fracciones: la que apoyaba el proyecto de lanzar a Cárdenas como su candidato como parte del la Coalición Ciudadana Nacional por la Transición Democrática con Justicia y Unidad, otra que proponía buscar sumarse al PRI y la tercera que creía conveniente la alianza con el PRD.

Del lado de Convergencia por la Democracia existió el mismo dilema sobre su futuro. La candidatura ya sea de Dante Delgado o Jorge G. Castañeda fueron las propuestas para ir solos al proceso electoral del 2006. Para alianzas se habló de negociaciones con el PAN o sumarse al PRD (El Universal, 23 de noviembre, 2005). La veleidad del partido los llevó incluso a acercarse a la organización patrocinada por el empresario Alfonso Romo, Opción Ciudadana, que buscaba crear una oposición a Andrés Manuel López Obrador (Reforma, 1 de diciembre, 2005).

Horacio Duarte, representante del PRD ante el IFE describió las primeras líneas para cualquier eventual coalición. Descartaba por completo todo tipo de alianzas o candidaturas comunes en puesto alguno con el PRI, PAN, PVEM, Partido Nueva Alianza y Alternativa Social Demócrata y Campesina. Dijo que cualquier alianza se debería sujetar a los criterios que aprobara el Consejo Nacional del 5 y 6 de noviembre (El Universal, 4 de noviembre, 2005).

El 24 de noviembre, La Jornada publicó en su primera plana que se había alcanzado un acuerdo con el PT. El 1 de diciembre, el mismo diario utilizó ese espacio para informar la firma del acuerdo conformado por tres elementos generales: Las prerrogativas, los listados plurinominales y la postulación de candidatos con el mejor perfil en cada distrito y entidad. El presidente del PRD, Leonel Cota Montaño, explicaba que los estados de Zacatecas, Tlaxcala y Baja California quedaban aún fuera de arreglo porque ambos partidos pretendían postular a sus propios candidatos porque contaban con “buenos perfiles” (La Jornada, 1 de diciembre, 2005).

En el caso de Convergencia, el partido alcanzó un principio de acuerdo el 26 de noviembre para formar coalición con el PRD, aunque persistieron las divisiones internas entre los que proponían ir con su propio abanderado y los que mantenían la idea de aliarse con el Partido Acción Nacional (Milenio Diario, 27 de noviembre, 2005).

La alianza con el Partido del Trabajo comprometió trece diputaciones y tres senadurías según se informó en primera instancia el 28 de noviembre, seis días después de que se firmó el acuerdo respectivo (Milenio Diario, 29 de noviembre, 2005). Sin embargo, el 8 de diciembre, La Jornada informó que fueron doce diputaciones y dos senadurías plurinominales las comprometidas. Esta última información sería ratificada al día siguiente en el mismo rotativo.

Con ese número de diputados, ambos partidos lograrán contar con el reconocimiento de bancada en la Cámara de Diputados que requiere al menos de cinco legisladores por cada instituto a fin de reconocerles como tal y darles espacios proporcionales en las comisiones legislativas, entre otras.

El 30 de noviembre al medio día, Convergencia firmó el acuerdo de la coalición con el PRD con las mismas condiciones de espacios en el Congreso que el PT, pero con diferencias en cuanto a las prerrogativas que aportarán y el porcentaje de sufragios que se les van a reconocer.

En el renglón financiero el PT aportará 139.3 millones de pesos, es decir el 100 por ciento de lo que recibirá de financiamiento público luego de restar la multa de 38 millones de pesos que le impuso el IFE por diversas irregularidades como la falta de documentación que justifique sus gastos durante el 2004. El partido de Dante Delgado también empeñará el total de sus entradas en la campaña del año entrante, unos 137.7 millones de pesos que le quedarán después de pagar los 32.5 millones de pesos en multas por 75 anomalías en el ejercicio de su gasto el año anterior (ese partido además debe 11 millones de pesos más a proveedores, a la Secretaría de Hacienda, al Infonavit y al IMSS).

Sumando así los 372 millones de pesos que compromete el PRD, la alianza que postula a Andrés Manuel López Obrador contará en el 2006 con 649 millones de pesos para la campaña.

La alianza total, es decir, por la presidencia, el senado y las diputaciones, fue registrada el 8 de diciembre ante el IFE. El dictamen que se expedirá el 19 del mismo mes, será presentado ante el Consejo General del Instituto para su aprobación o rechazo. En la documentación se establece que el orden de prelación para conservar el registro es PRD, PT y luego Convergencia y que los recursos serán manejados por un consejo administrativo que tendrá representantes de los tres partidos.

A cerca del porcentaje de votos que se les reconocerá a cada instituto político, el acuerdo asienta que, sobre una base de 30 por ciento de la votación, corresponderá al PRD 18.5 unidades, 6 para el Partido del Trabajo y 5.5 a Convergencia –es decir, casi el 40 por ciento de los sufragios que obtengan la alianza no serán para el PRD- (El Universal, 9 de diciembre, 2005). Y este aspecto no es peccata minuta, porque cada punto porcentual de votación representa alrededor de 45 millones de pesos anuales de financiamiento público y el doble en año electoral.

En cuanto a las candidaturas de mayoría que aún deberán ser conciliadas entre los partidos firmantes, el Consejo Nacional del PRD decidió que será en enero cuando se cotejarán los espacios en que el PT y Convergencia quieren colocar a un candidato propio, pero en principio, esto sólo podrá ocurrir en 192 distritos previamente seleccionados (Convergencia podría ir hasta en 56 distritos con candidatos propios por su perfil en la localidad): “Si un partido tiene mayoría en uno de esos distritos, automáticamente tendrá reservado el lugar para hacer las propuestas respectivas. Si fuese el caso de un perfil con presencia, el proceso selectivo se determinará a partir de una encuesta” (La Jornada, 9 de diciembre, 2005).

Por lo pronto, la dirigencia del PT ya habría asegurado la llegada al Senado de dos de sus dirigentes nacionales, pero se manejan tres nombres: José Narro, Alberto Anaya y Óscar González (El Universal, 30 de noviembre y 1 de diciembre, 2005), en tanto que Convergencia habría puesto en los primeros lugares de su espacios al ex candidato a la gubernatura de Oaxaca, Gabino Cué (Reforma, 27 de noviembre, 2005), a su presidente nacional Dante Delgado (El Universal, 30 de noviembre, 2005), así como presionado para que ex gobernador priísta de Chihuahua, Patricio Martínez, sea integrado a la lista de senadores (El Universal, 12 de diciembre, 2005).

Ante una perspectiva en la que el PRD contará en la siguiente legislatura con 60 diputados plurinominales, dos quintas partes de estas curules las tendrán en su poder los dos partidos minoritarios que conforman la ‘Alianza por el Bien de Todos’. Faltará sumar las que por su cuenta consigan. Una alianza de alto costo para lo que esos partidos pueden aportar.

Y sucede que una alianza de este tipo, no permite reconocer la aportación real de cada partido por la causa de manera individual. En la boleta hay sólo una insignia que conglomera a los partidos aliados y no permite distinguir su desempeño individual.

Una alianza no representa una suma mecánica, pues tanto pude multiplicar como puede restar. Pero también impide diferenciar un partido del otro.

El Código Federal de Procedimientos Electorales señala en su artículo 58 y 59 que las alianzas compiten bajo un mismo emblema por lo que el nadie está en posibilidad de distinguir cuánto aportó cada grupo.

Como señala José Woldemberg en Reforma, el Partido del Trabajo conservará su registro porque el Cofipe señala que en las coaliciones:

Los partidos políticos que se hubieren coaligado podrán conservar su registro si la votación de la coalición es equivalente a la suma de los porcentajes del 2% de la votación emitida que requiere cada uno de los partidos políticos coaligados. (Reforma, 8 de diciembre, 2005)

Pero por la primera disposición aquí señalada, es imposible distinguir los votos que PT y Convergencia atrajeron.

En la última entrega, los conflictos al interior del PRD y conclusiones

alfredo.diaz.f@gmail.com